Ma. José Alcaraz Meza
Un grupo de vecinos utilizan tecnologías móviles y redes sociales para difundir una problemática ambiental y social, de la que los medios de comunicación locales no informaban. ¿Cómo puede explicarse este -cada vez menos insólito- cambio de roles? El afianzamiento de Internet en la vida cotidiana de las personas, convirtió cada pantalla digital en un canal de comunicación a ser usado, y se consolidan personalidades y grupos que por su influencia rivalizan con los medios de comunicación.
La libertad de prensa y pensamiento que fue estandarte de los periodistas, es portada también por aquellos que a través de las redes sociales y los canales abiertos por Internet, exigen la valía del derecho a la información. Esta acción está respalda por el artículo 14 de la Constitución Nacional que apoya la publicación de ideas sin censuras, y se extiende al artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, sobre la Libertad de Pensamiento y de Expresión: “Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole”.
En la actualidad, Internet es el campo imaginario donde cualquier persona siente que puede hacer uso de este derecho. Dentro de las posibilidades que se dan en el universo virtual, limitadas no infinitas, quienes antes eran pasivos lectores, oyentes y espectadores, asumen un rol activo en la producción de información y difusión de noticias.
Lo anticipó Scolari al decir que hay una crisis en el modo de comunicación conocido de uno-a-muchos, donde podemos posicionar a los medios masivos de comunicación. Este autor sostiene que el nuevo de modo de comunicación es de muchos-a-muchos, a través de los canales que abrió Internet, y no puede impedirse. Es una inevitable transformación de la comunicación dentro de un proceso que es histórico, social y cultural. No comenzó ahora, no terminará mañana. Seguirá evolucionando, mutando las maneras conocidas de comunicarse.
Scolari al describir a las hipermediaciones presenta una relación triangular entre sujetos, medios y lenguajes, con la característica de estar conectados reticularmente por pantallas tecnológicas. Esta conexión es el esquema de la nueva comunicación. En un contexto tecnológico como este, no es de extrañar la influencia que logra un grupo minoritario de vecinos sobre el resto de la comunidad y que compite -aunque no desplaza- a la influencia que han concentrado durante décadas los medios de comunicación.
McCombs en su teoría sobre la agenda de los medios y la agenda pública, explicaba la influencia que tienen los medios masivos sobre los temas de los que habla la gente respecto de lo que se consume de los diarios, los noticieros, los programas de radio. Al posicionar un tema en la agenda, lo que un medio conseguiría es centrar la atención, el pensamiento y la acción de los consumidores en este tema. Es decir, al dar relevancia un medio masivo determina qué merece una opinión del público.
La omisión de una problemática social, real, inmediata y cercana para toda una comunidad, no solo cuestiona la agenda, sino también la responsabilidad periodística. Surgiría así una agenda paralela a la de los medios, que se instala por las redes sociales, por aquello de lo que se habla y se difunde por estos canales. No se trata de comentarios, opiniones y noticias menores. Sino de problemáticas de dimensión social, y que ante la omisión de los medios de comunicación, se posicionan como tema de la opinión pública a través de estas redes.
Pero la iniciativa de unos pocos vecinos para difundir información, haciendo valer el derecho mismo a acceder y compartir información sobre un problema que le atañe como comunidad, no puede reducirse en su explicación al fenómeno de las múltiples pantallas digitales conectadas, de las posibilidades de difusión que ofrece el espectro de Internet. Para que una influencia vecinal rivalice con una influencia mediática, obliga a la reflexión de que la fuerza de uno puede deberse a la debilidad del otro. Si en una comunidad, las redes sociales se convierten en la principal fuente de información, demuestra en sí la debilidad de toda una estructura de medios de comunicación locales.
El derecho a recibir y a dar información no es exclusivo de los medios, porque su razón de existir ha sido siempre actuar como mediadores. El derecho en sí es del pueblo, y regresa a este, empodera a este. Las pantallas digitales y las redes sociales son maneras en que se puede ejercer este derecho en la actualidad. Son el modo que encontraron estos vecinos de San Luis del Palmar. Las nuevas maneras de comunicación están en transformación, es un proceso en curso, en el cual la tecnología e Internet no es causa primaria, es herramienta dentro de los nuevos esquemas de interactividad e intercambio de información. Y las sociedades piensan usarlas. Lo están haciendo.
Cuando se trata de problemáticas ambientales, cabe preguntarse a qué se debe este silencio: ¿Falta de conciencia ecológica para dar importancia a estos temas en los medios de comunicación? ¿Hay carencia de interés por parte de la población que lleva a los medios a desestimar estas problemáticas? O, en el peor de los casos, ¿hay intereses en juego que instigan a los medios al mutismo?
La instalación de un basural o “relleno sanitario” -como se prefiera llamar- en un paraje poblado por más de mil habitantes,
por su cercanía afectaría a una ciudad como San Luis del Palmar con más de veinte mil habitantes, y las cifras no son puro argumento estadístico: son personas. Las consecuencias ambientales y en salud se agravan por la proximidad. La basura que sería depositada en este lugar, corresponde a once localidades, entre ellas Corrientes Capital y Resistencia.
El daño que se pudiera causar a una zona, pasaría a ser responsabilidad de toda la región. Este basural, si no se hace de acuerdo a los lineamientos de protección ambiental, no sería otra cosa que el Gran Elefante Blanco que el rey obsequiaba a los señores feudales… para castigarlos con un regalo que debían mantener, alimentar, cuidar, y que devoraba todo, los condenaba a la pobreza. ¿Cómo una problemática de la dimensión de un elefante blanco puede
pasar desapercibida a los ojos, supuestamente siempre perspicaces, del periodismo?
Podemos hacer un proceso de mea culpa dentro del periodismo, para entender por qué la agenda de los medios elude problemáticas ambientales que afectan a la sociedad. De esta reflexión asumir nuevas miradas, considerar el periodismo ambiental como una herramienta necesaria para influir en las estrategias y políticas de gobiernos y empresas. El conflicto ambiental es la guerra silenciosa que está arrasando el planeta, con dos de sus grandes calamidades: catástrofes naturales y explotación empresarial de recursos. No es una problemática global que deben atender los Estados nacionales, está pasando aquí y ahora. Nos está pasando.