Unidad Educativa "Gabriela Mistral"
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Mi trayectoria en el Colegio Otavalo comenzó con un gran y desafiante cambio: me trasladé de un colegio intercultural de campo a la ciudad de Otavalo. Conseguir el cupo fue la primera travesía, un proceso de largas esperas en la fila que marcó el inicio de mi nueva vida académica.
Ingresé a séptimo de básica totalmente nueva, enfrentándome a personas diferentes y a un entorno desconocido. Mis inicios fueron turbulentos. El cambio me afectó profundamente, y mi voluntad para estudiar era baja; yo era una persona reservada y un poco dejada en lo académico, al punto de tener dificultades con mi licenciada.
El Grupo de Refugio: Después de unos tres meses, logré formar mi primer círculo de amistad: un grupo de tres compañeras y yo. Con ellas hacíamos de todo: salíamos a comer, a la piscina y a pasear.
La Repetición y la Lección de Vida: A pesar del apoyo social, el gran cambio de ambiente hizo que mi progreso académico se estancara. Por primera vez, enfrenté la dura realidad de perder el año escolar al no alcanzar la nota mínima requerida.
Mis padres, ante esta situación, tomaron una decisión crucial: me llevaron de viaje para que aprendiera el valor del trabajo. Esta experiencia me enseñó que la vida no es fácil y despertó en mí una nueva voluntad y una gran determinación para el estudio.
Regresé a cursar séptimo de básica con una mentalidad totalmente renovada y con más ganas que nunca de estudiar. Esta vez, la experiencia fue distinta y gratificante:
Comienzo Sólido: Pude hacer amistades rápidamente, ya que mi hermana estaba en el mismo curso, lo que me facilitó la integración.
Progreso Constante: Desde ese momento, mi trayectoria fue ascendente y llena de logros académicos.
Tras culminar 7.º con éxito, ingresé a octavo de básica. Esta etapa transcurría con normalidad y diversión hasta que apareció el Coronavirus. El virus nos sumió en la pandemia, un encierro que duró un año y medio o más.
El Distanciamiento: Cuando ingresamos a décimo de básica, la pandemia había hecho mella en la convivencia. Nos conocíamos muy poco y el encierro nos había hecho sentir como extraños en el curso.
La Emoción del Reencuentro: A mitad de décimo, la vuelta al colegio fue una inmensa alegría. Fue emocionante vernos de nuevo, y rápidamente reconstruimos los lazos. En este tiempo, me hice amigo de Mateo y Moroni, compañeros con quienes formé una gran amistad que duró años.
Lazos Viejos: Mi conexión social no se limitó a mi curso; aún mantenía contacto con amigos de niveles superiores, mis compañeros del antiguo séptimo, con quienes todavía conversaba y saludaba.
Desde 7.º hasta 10.º, fui una persona muy reservada y poco amigable. Pero en Primero de Bachillerato, mi verdadera historia comenzó.
Apertura Social: Comencé a llevarme con todos los compañeros del curso y me abrí a hablar con personas de otros cursos, aunque la unidad del curso no era total en todas las actividades.
El Nacimiento de un Artista: En este año, la danza se cristalizó. Por primera vez, comencé a danzar en eventos del colegio. Lo que comenzó como un pequeño hobby me llevó a participar en un evento de danza intercolegial, invitados por la Unidad Educativa República del Ecuador. También participé en un evento de Inglés, expandiendo mis horizontes.
Conexiones Especiales: Mi participación en eventos me permitió forjar muchas amistades y conocer a personas fuera de mi círculo habitual, como Isabel. Aunque ella era de Tercero de Bachillerato y no la veía con frecuencia, llevamos hasta el día de hoy una relación muy especial.
Mi primera misión, y mi primer gran éxito, fue la apertura social. Comencé a llevarme con todos los compañeros del curso, algo impensable en las etapas anteriores. Aunque el curso en general no alcanzó una unidad total en todas las actividades, logramos un ambiente de camaradería y respeto.
Mi curiosidad me llevó a no limitarme a mi aula. Empecé a hablar y a interactuar con personas de otros cursos, construyendo una red social más amplia que la que había tenido jamás.
La vida de Bachillerato me presentó mi verdadera pasión: la Danza. En este primer año, por primera vez, el hobby se hizo público. Comencé a danzar en eventos del colegio, lo que me dio una identidad completamente nueva.
Primera danza: Mi compromiso con la danza me llevó a escenarios fuera de mi institución. Fui invitado a un evento intercolegial organizado por la Unidad Educativa República del Ecuador, un momento que validó mi talento y mi esfuerzo.
Versatilidad: Mi participación no se limitó al ámbito cultural. También participé en un evento de Inglés, demostrando que mi interés por el escenario y la expresión trascendía las fronteras artísticas.
Mis mañanas se llenaron de vida. Al ingresar al colegio, ya podía ver a mis antiguos compañeros, y aunque no siempre había un saludo prolongado, en los eventos de danza siempre compartíamos el espacio y salíamos a dar vueltas juntos, manteniendo vivo ese vínculo.
La participación constante en eventos de danza y las actividades del colegio me abrieron puertas a amistades valiosas:
El Vínculo Especial: Una de las conexiones más significativas fue con Isabel. Aunque ella cursaba Tercero de Bachillerato y nuestros caminos rara vez coincidían, la calidad de nuestra relación fue inmediata y profunda. Hasta el día de hoy, mantengo una gran relación con ella, un vínculo especial que se forjó en el entorno escolar. Aunque solo la veía de forma fugaz, cada saludo era significativo.
En resumen, el Primer Año de Bachillerato fue mi verdadero punto de partida. Dejé atrás una década de ser una persona reservada para abrazar la vida social, hacer nuevos amigos, iniciar una carrera artística en la danza y construir lazos que me acompañarían en los años venideros. Fue una historia corta pero intensamente vivida, llena de descubrimientos que definieron mi trayectoria.
uno de mis reconocimientos que tuve en la institución.
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