La violencia contra las mujeres existe en todas las sociedades porque todas comparten, en mayor o menor medida, una ideología patriarcal que establece relaciones jerárquicas entre mujeres y hombres. La violencia contra las mujeres no es solo una forma de discriminación, sino la violación de los Derechos Humanos más extendida que los estados están obligados a prevenir y erradicar.
Asimismo, la sociedad también tiene la responsabilidad de apoyar a las supervivientes y reprobar todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas. La denuncia es el primer paso, pero no es suficiente. Cuando una mujer denuncia se está llegando tarde como sociedad en las políticas de prevención.
Por ello, se hace imprescindible la socialización preventiva de la violencia de género que, por un lado, consiste en generar interacciones sociales que promuevan la atracción hacia los modelos igualitarios y el rechazo hacia los modelos violentos; es decir, potenciar una socialización que transmita la igualdad como atractiva y excitante.
En segunda instancia, la prevención debe ir enfocada a la educación en los buenos tratos, el aprendizaje para relacionarse con las demás personas de forma pacífica, el respeto a la dignidad de las personas y donde la igualdad entre mujeres y hombres juegue un papel fundamental. Esto es, potenciar el desarrollo de otras maneras alternativas de relacionarse que se aparten de los modelos violentos que se ejercen contra las mujeres por el simple hecho de ser mujeres.
Ni príncipes, ni princesas; deconstruir los valores, las creencias, las actitudes, los estereotipos, los modelos de atracción y los comportamientos machistas que hemos ido interiorizando en nuestra sociedad patriarcal, para pasar a definir nuevas formas de quererse y relacionarse, igualmente satisfactorias, deseables, placenteras y apasionadas, que se apoyen en otros modelos que tengan como pilares básicos la igualdad, la justicia social, la autonomía, los cuidados, la aceptación, el diálogo, la ternura, el respeto, el crecimiento personal, la reflexión y el rechazo a cualquier forma de violencia.
Apostemos por una socialización no sexista que promueva valores igualitarios, comportamientos de resolución de conflictos no violentos y erradicar una violencia simbólica y estructural que es el caldo de cultivo de la violencia de género. Asimismo, las víctimas necesitan medidas de protección adaptadas a cada caso, un acompañamiento especializado y multidisciplinar y el apoyo institucional real para salir de los procesos de la violencia. El mejor modo de prevenir la violencia de género consiste en avanzar hacia sociedades igualitarias donde hombres y mujeres tienen la misma valía, la misma participación y los mismos derechos.