Para evitar los efectos adversos por la exposición adecuada al sol se ha desarrollado un tipo especial de productos cosméticos, los protectores solares o fotoprotectores. Estos contienen sustancias químicas y/o físicas, denominadas filtros, capaces de absorber o reflejar las radiaciones solares, protegiendo a la piel de los efectos dañinos de las mismas. Los fotoprotectores actúan frente a las radiaciones infrarrojas (IR), ultravioleta B (UVB) y ultravioleta A (UVA), pero presentan diferente eficacia protectora frente a ellas.
Los mecanismos de fotoprotección pueden ser de dos tipos:
Protección UVB: El Factor de Protección Solar (SPF) nos indica el número de veces que el fotoprotector aumenta la capacidad de defensa natural de la piel, por lo que nos está dando información sobre la protección frente al UVB.
Protección UVA: Existen varios métodos para valorar los índices de protección frente al UVA, aunque no hay un método de valoración oficial o recomendado. Se utilizan métodos in vivo o basados en la capacidad de producir una pigmentación inmediata (PPI o IPD) o duradera (PPD).
Protección IR: No existen métodos oficiales o recomendados para evaluar este índice de protección.
Fotoprotección ocular: Las radiaciones UV son bloqueadas por la córnea y el cristalino, que son transparentes a la luz visible. Por otro lado, también nos protegemos del sol mediante la contracción de las pupilas, cejas y párpados.
El fototipo define los caracteres propios de un grupo de individuos que permiten establecer su sensibilidad al sol.
Los IR-A contribuyen a producir daño en la piel, en el ADN de las células, cáncer de piel y además potencian los efectos negativos de los UVA y UVB. Este efecto del sol en nuestros ojos (y piel) es acumulativo. Hay que tener en cuenta que los ojos de los niños no están totalmente desarrollados, por ello las radiaciones UV les afectan más. Además, tienen la piel delicada y sensible; por lo que necesitan utilizar fórmulas hipoalergénicas con un índice de protección elevado. Es importante usar gafas de sol que protejan (marca CE)*.
*Para lograr esta marca CE, deben superar unos test exhaustivos que demuestran que están a la altura de su función.
Las lesiones cutáneas del lupus aparecen en zonas expuestas al sol, por lo que decimos que es una patología fotosensible (sensibilidad a los rayos UV del sol). Son desencadenantes de brotes de lupus, y los pacientes saben que el sol es su peor enemigo.
El 70% de los pacientes sufren la afección de la piel conocida como “eritema en alas de mariposa”, que consiste en un enrojecimiento y erupción de la piel en las mejillas y nariz. Además puede desencadenar fiebre, fatiga y dolor articular. De hecho, no es infrecuente que la enfermedad aparezca tras una exposición solar prolongada. Y el único modo de evitarlo es lograr una protección eficaz contra el sol.