La mayoría de las veces, no basta con sentarse ante el teclado o el cuaderno y soltar unas cuantas palabras, algunas veces, viene muy bien visualizar la escena antes de escribirla.
Como lectores (o incluso escritores) nos identificamos con los protagonistas de los libros, los seguimos en sus acciones y, ciertamente, nos molesta que les ocurra algo malo.
Si el protagonista está colgando en el abismo y se queda sin fuerzas, si alguien entra por la ventana del dormitorio mientras duerme, si es la última oportunidad de conseguir un trabajo, tener un asesino serial persiguiéndolo por los callejones, todos estos casos causan momentos de... incertidumbre y ansiedad.
Ah, pero por supuesto que también están esas escenas que nos hacen chillar de la emoción en cuanto empezamos a leer las primeras palabras. Aquel enemy-to-lovers que se declara su indiscutible amor, esa parejita de secundaria que finalmente supera sus miedos y se declaran, ese ser fantástico que le jura amor eterno a su amada...
O simplemente esas palabras que nos marcaron demasiado de algún espléndido libro, como lo es por ejemplo esta icónica frase: "Al final de cuentas todos terminamos igual, en un boulevard de los sueños rotos."
¿Pudiste adivinar de qué libro es? No dudo que sí.
Claramente, incluso los mejores escritores tienen (o tuvieron, porque han pulido este talento a través de la práctica) problemas para llegar a un clímax tan impactante como lo son este tipo de escenas, que nos hacen pensar: "Definitivamente valió la pena llegar hasta aquí".
Es aquí donde entra esta sección, porque sabemos que tú, escritor (o futuro escritor), quieres tener en claro qué hacer y qué no hacer a la hora de escribir escenas tan aclamadas como estas, de cualquier género.
Y no nos sorprendería encontrarnos a algún lector escurridizo que quiera saber la meticulosa magia detrás de tan elaboradas escenas, eeeh.