La primera carta a Timoteo, contiene una serie de recomendaciones prácticas sobre la necesidad de conservar y transmitir con fidelidad la transmisión apostólica, sobre los criterios que deben regir la elección de los ministros de la comunidad y acerca de las obligaciones de Timoteo con respecto a las diversas categorías de fieles: ancianos, jóvenes, viudas, esclavos, presbíteros y diáconos. En particular Pablo inculca a su discípulo a combatir a quienes enseñan “doctrinas extrañas” y lo invita a practicar la piedad y el desinterés pastoral.