Tesalónica, la capital de la provincia romana de Macedonia, era un pueblo importante.

Pablo llegó esa ciudad en el año 50 y allí fundó una comunidad cristiana compuesta en su mayor parte por paganos convertidos a la fe.

Pero su permanencia en Tesalónica fue muy breve, ya que debido a la oposición de los judíos tuvo que abandonar la ciudad precipitadamente.

A su salida la comunidad quedó sola en medio de la persecución y con una insuficiente formación religiosa.