Carta del Apóstol Pablo a los Jóvenes Palestristas
Carta de Pablo, servidor y Apóstol de Jesucristo, llamado para anunciar la Buena Noticia de Dios. Saluda a ustedes, queridos palestristas, mis files hermanos en Cristo. Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Doy gracias a Dios porque ustedes supieron escuchar con esperanza el llamado de Cristo Camino, Verdad y Vida y hoy anuncian junto con sus comunidades la Buena Noticia, llevando con alegría Su Palabra cada día a los jóvenes que lo necesitan.
Queridos jóvenes, comprendo su dolor, su incertidumbre y lo mucho que cuesta seguir trabajando en los tiempos que viven. Entiendo su sufrimiento, se sienten solos, no comprenden lo que está pasando ni lo que sucederá y temen por su futuro, sus familias y sus seres queridos.
Sin embargo, "Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca. No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañada de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios" (Fil. 4, 4-6).
Porque, "¿Qué diremos después de todo esto? Comprenderemos que Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? "(Rom. 8, 31).
“Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos" (Ef. 6, 13).
“Les ruego, amigos, que sean considerados con los que trabajan entre ustedes y los aconsejan. Estímenlos profundamente y ámenlos profundamente a causa de sus desvelos. Vivan en paz unos con otros. […] Esfuércense por hacer siempre el bien entre ustedes y con todo el mundo” (1 Tes. 4, 12 – 16).
“Amen con sinceridad, […] ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos. Con solicitud inalcanzable y fervor del espíritu, sirvan al Señor. Alégrense en la esperanza, sean pacientes en las dificultades y perseverantes en la oración” (Rom. 12, 9 – 12).
Y cuando el dolor los persiga, cuando parece que no hay futuro posible, cuando se sientan invisibles delante de los demás incluso de los que más deberían quererlos, recuerden. Cuando la vida presente obstáculos para cumplir los sueños, cuando haya ladrones de esperanzas que quieren tenerlos dominados y sujetos a la mediocridad, cuando parece que el amor no triunfa, recuerden. Cuando la lealtad cuesta mucho, cuando la pureza se hace cada vez más imposible. Recuerden, les reitero, recuerden lo que me decía el Señor a mí y a su vez les transmito: MI GRACIA TE BASTA. Que nunca nada ni nadie haga fracasar los sueños, porque así como Jesús me dijo a mí, se los digo a ustedes: pelea el buen combate. Siempre, con valor, con pasión.
Alégrense, porque por la Fe son hijos de Dios. El que vive en Cristo es un hombre nuevo: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. Les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos. Tengan un mismo amor, corazón y pensamiento (Fil. 2, 2).
Por último, llegue a ustedes, mis hermanos palestristas, la paz, el amor y la fe, que proceden de Dios, el Padre, y del Señor Jesucristo. La gracia permanezca con todos los que lo aman (Ef. 6, 23 – 24) y luchan en su nombre sin cansancio. ¡Oh, bella chao!