Durante la Semana Santa celebramos "el Misterio Pascual de Cristo", es decir, meditamos cómo Jesús padeció,
murió y venció a la muerte "por nosotros y por nuestra salvación" y queremos hacer nuestros sus frutos con la
acción del Espíritu Santo que se nos da en esas celebraciones.
Con su pasión, muerte y resurrección Jesús vino a:
Liberarnos del pecado y de la muerte y a damos vida eterna. Es decir, vino a liberamos y a fortalecernos en contra del egoísmo (= de estar centrado cada uno en sí mismo olvidado de los demás o enemistado con ellos), del odio, del miedo a la muerte y al sacrificio. Llamarnos a la vida del amor a Dios y al prójimo. Darnos alegría de vivir, esperanza de un mundo nuevo, seguridad de que Dios nos ama y, sobre todo, la gracia de Dios (= la vida de Dios en nosotros y el derecho a gozar para siempre de lo que Dios goza).
El Jueves Santo celebramos la Última Cena de Cristo, en donde nos dejó la Eucaristía, es decir, se quiso hacer presente entre nosotros cuando bendecimos el pan y el vino como memorial suyo: antes de ser entregado, Cristo se entregó como alimento.
Celebramos la Cena en donde lavando los pies a sus discípulos nos dejó el mandato del amor, pero de un amor que se hace servicio, por eso se dice que hoy es "el día del amor". Celebramos la Cena en donde Jesús oró por nosotros a su Padre Pero sobre todo eso, celebramos hoy, no tanto la muerte de Jesús (no nos adelantamos al Viernes Santo), sino el ofrecimiento consciente que hizo de su pasión y muerte "por nuestra salvación" y por amor al Padre. Celebramos la institución del sacerdocio ministerial, al ordenar a sus apóstoles conmemorar la Cena del Señor.
Lo celebramos con una Santa Misa solemne, con "el Lavatorio de los pies", la renovación de promesas de los ministros o servidores de la Iglesia, con la procesión con el Santísimo Sacramento en "los siete altares", la adoración de Jesús en "el Monumento" o en "la Visita de las siete casas"; también enla mayoría de las Iglesias Catedrales se celebra hoy la Misa de los Santos Óleos.
La narración del sacrificio pascual judío nos hace pensar que la Misa es un sacrificio que debe llevamos a la liberación de todas nuestras esclavitudes.
La narración de la Institución de la Eucaristía nos debe hacer pensar que la Misa es un memorial de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La narración del Lavatorio de los Pies nos debe hacer considerar la Misa como una reunión de hermanos en la cual aprendemos a amamos y a servimos cada vez más.
Celebramos el mandato de Cristo de amar a los demás como El nos amó hasta dar la vida por ellos.
Celebramos el mandato del amor como servicio
Celebramos a Cristo Jesús que inició su pasión llevado de un lado al otro (de Herodes a Pilatos), pero que al
mismo tiempo se quiso quedar como alimento y fortaleza en los sufrimientos de nuestro caminar por la vida.
Debemos vivir de distinta manera el Jueves Santo y la Fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo, por eso más que detenernos en darle gracias de una manera general por haberse quedado entre nosotros, debemos en este día hablar con El de su entrega total hasta la muerte y de nuestra entrega, de sus sufrimientos y de los nuestros y los del mundo, pidiéndole su fuerza y su serenidad.
El Viernes Santo celebramos la Pasión y Muerte del Señor Jesús, es decir, su obediencia a Dios y su entrega por nosotros pecadores hasta la muerte de Cruz. Pero, por otra parte, todas las celebraciones de este día deben estar dirigidas no sólo a recordar los sufrimientos de Jesús y despertar con nuestros sentimientos una especie de compasión hacia El, sino a mover nuestra voluntad en el seguimiento de Cristo llevando nuestra cruz de cada día.
Con el Viacrucis, con una Celebración Litúrgica, con la Procesión del Silencio y con el Rosario de Pésame a la Virgen María. También en algunas partes se acostumbra a la meditación especial de algún momento de la Pasión, como por ejemplo, el Sermón de las Siete Palabras, las Tres Caídas, el Descendimiento de la Cruz.
La Postración, las Lecturas Bíblicas y en especial de la Pasión según San Juan, las Oraciones solemnes de intercesión por toda la humanidad, la
Adoración de la Cruz y la Comunión. Este día no se celebra propiamente la Misa, porque se da la Comunión con Hostias consagradas el jueves Santo.
Porque el postrarse por tierra es una postura de suma humillación que nos recuerda la humillación del Hijo de Dios que, como dice San Pablo, no sólo se humilló haciéndose en todo igual al hombre sino que, como hombre, se humilló hasta la muerte y" muerte de Cruz por salvarnos; así el sacerdote debe estar dispuesto a postrarse hasta el polvo para interceder por su pueblo y salvarlo.
El Sábado Santo celebramos la resurrección de Cristo, que no es un simple volver a esta vida, sino el inicio de la vida eterna plenamente gloriosa.
El Sábado Santo desde el atardecer y el Domingo de Resurrección son para el cristiano "el día" de la celebración de la Fiesta de las fiestas.
La celebración hecha en la noche del sábado se llama "Vigilia Pascual", pero este nombre despista a muchos haciéndoles pensar que el sábado se celebra algo distinto de lo del Domingo; por eso convendría más bien que se llamara Celebración de la Resurrección "en la vigilia" o "en el día", según corresponda. Se puede decir que sólo tiene un sentido meramente devocional el que quien haya participado en la Vigilia Pascual, participe también en la celebración del domingo por la mañana o por la tarde.
Por otra parte, las celebraciones de la Resurrección hechas durante el Domingo son tan pobres en signos que los que sólo celebran la Resurrección de esa manera, difícilmente pueden distinguir el Domingo de Resurrección de un domingo cualquiera.
Con la celebración del Fuego Nuevo, con la bendición del Cirio Pascual y la Procesión, con varias lecturas de la Historia de la Salvación; con la bendición del agua y la renovación de las promesas del bautismo o incluso con la celebración de bautizos y en general, con la celebración de UNA MISA LO MAS SOLEMNE POSIBLE.
La Celebración del Fuego Nuevo preparada con la celebración de las tinieblas, representa la energía y el calor de la resurrección que inició la transformación de nuestro mundo de pecado y de muerte
El Cirio Pascual bendecido de forma solemnísima y honrada tan grandemente por la iglesia en el canto llamado "Pregón Pascual" y en sus principales celebraciones litúrgicas representa a Cristo que con su resurrección da luz y nuevo colorido a toda la realidad humana y cósmica.
Todas esas Lecturas Bíblicas leídas a la luz de la resurrección adquieren un nuevo y pleno sentido y su plena realización, por ejemplo: La narración de la Creación (Gen 1, 1-2,2): la resurrección nos hace ver en plenitud cómo todo lo creado por Dios "era bueno ", tan bueno que está llamado a convertirse en "cielos nuevos y tierra nueva " y
nos hace pensar, como dice San Pablo, que todo está gimiendo en espera de que seamos hombres nuevos, resucitados. La narración del Sacrificio de Isaac (Gen, 22, 1-13.15-18): nos dice que Dios no ha rehusado pedirle a
Cristo el sacrificio total de su vida, pero que al mismo tiempo no lo ha dejado bajo el poder de la muerte.
La narración de la Pascua judía (Ex 14, 15-15, la): nos
hace pensar en la resurrección como en un grandioso
éxodo o epopeya realizada por Dios en donde Cristo
Jesús es liberado de la muerte y nosotros con El.
La cuarta lectura nos habla de la Nueva Jerusalén (Is
54, 5-14): a partir de la resurrección nuestra relación
con Dios no debe ser de temor a un castigo eterno y a
un sufrimiento que no se acaba, sino de confianza a
un amor que es capaz de renovarnos, de embellecer
nuestro ser entero, de hacernos fieles en el amor, de
darnos, en fin de cuentas, la vida gloriosa de Cristo
resucitado.
En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo.
Cada uno está invitado a pensar de qué forma se ofendió al prójimo, a uno mismo y Dios, Nuestro Señor, si hay dolor, si realmente hay arrepentimiento. Este es un muy buen momento del año para llevar a cabo una confesión preparada y de corazón.
Analiza tu conducta para conocer en qué estás fallando. Hazte propósitos para cumplir día con día y revisa en la noche si lo lograste. Recordá no ponerte demasiados porque te va a ser muy difícil cumplirlos todos. Conoce cuál es tu defecto dominante y haz un plan para luchar contra éste. Tu plan debe ser realista, práctico y concreto para poderlo cumplir.
Hacer un sacrificio es hacer una cosa sagrada, es decir, ofrecerla a Dios por amor. Hacer sacrificio es ofrecer a Dios, porque lo amas, cosas que te cuestan trabajo.
Por ejemplo, ser amable con el vecino que no te simpatiza o ayudar a otro en su trabajo. A cada uno de nosotros hay algo que nos cuesta trabajo hacer en la vida de todos los días. Si esto se lo ofrecemos a Dios por amor, estamos haciendo sacrificio.
Aprovecha estos días para orar, para dialogar con Dios, para expresar tu cariño y tus deseos de estar con Él. Puedes utilizar un buen libro de meditación para Cuaresma. Puedes leer en la Biblia pasajes relacionados con la Cuaresma.
Este nuevo tiempo litúrgico nos invita a vivir nuestra fe de una manera más profunda
1. Escuchar: la suave melodía del ayuno la conversión esta actitud de escucha nos permite interiorizar la realidad que por mucha razones ignoramos. Estamos viviendo tiempos difíciles se sequía y escases espiritual, las pagas de la indiferencia, el individualismo y la secularización. Iniciemos la cuaresma ejercitando nuestra audición para transitar este camino hacia la pascua con el fin de convertirnos en verdaderos cristianos.
2. Bondad y misericordia: estos cuarenta días son fundamentales para que nuestra bondad y misericordia se expresen en su forma máxima, con acciones que lleven alivio a los que más los necesitan como la familia, amigos, compañeros de trabajo y todas la personas que buscan confiar en nosotros y contar sus dificultades. Allí tenemos que entregar nuestra empatía, caridad y compasión.
3. Perdón: necesitamos hacer presente esta palabra, ya que nos invita a poner en movimiento el espíritu para lograr un cambio e involúcranos en la posibilidad de un nuevo inicio,
4. Caminar: cada día nos acercara a la pascua y en este camino debemos incluir la Cruz, la renuncia a la comodidad necesaria para llevarla, la cruz está cargada del sacrificio de Jesús, sacrificio que nosotros queremos ofrecer en esta cuaresma.
5. Reconocer: necesitamos ver aquello que no está bien en nuestro interior, sacarlo a la luz y limpiarlo en nuestro corazón, así también reconocer las diversas situaciones sociales con el fin de combatir la indiferencia e individualismo que generan la diversas situaciones sociales.
6. Ceniza: comenzamos con el gesto penitencial y recordamos “Hombre, acuerda que del polvo eres y al polvo volveras”(Gen. 3. 19).
7. Reconciliación: Dios nos tiende la mano, desde el misterio sacramental de la reconciliación, para transformarnos en criatura nueva.
Tiempo de ayuno, renuncia, autocontrol. Tiempo de abrirse a Dios y cerrarse a uno mismo.