Victoria Riquelme
Poesía Chilena
Poesía Chilena
Victoria Riquelme Lezana, 1977 Chile. Trabajadora Social. Escritora de poesía, cuento y relato. Autora de: Una habitación en el infierno, año 2016 por Ediciones la Horca. Poemas desahuciados, año 2017 por Editorial Ovejas Negras. Pupilas de Loco, año 2020 por Rumbos Editores. Árbol brujo, año 2024 por Micelio Ediciones Su poema “Ñamku” fue ganador del segundo lugar: Concurso Poesía Indígena 2020” convocado por el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en Chile. Publicada en variadas revistas y Antologías internacionales. Actual socia activa de Sech (Sociedad de escritores de Chile). y P.E.N Chile (Poetas, ensayistas y novelistas).
EL FLORERO DE TU MADRE
Visito tu sepulcro
con mi sonrisa camuflada
retiro minuciosamente pétalos muertos
flores que dejan tus viudas amantes.
Uno a uno recolecto en mi bolsillo negro
hojas secas en distintos tonos
agua limpia dejo caer
en el florero de tu madre
¡Flores frescas para ti!
leo tus poemas para recordarte
¡para mí no estás muerto!
¡yo no vengo a llorar al campo santo!
te visito para charlar, bailar, fumar, cantar, oírnos
y a veces cuando se hace noche
descanso sobre tu tierra de muerto
hago el amor contigo.
HOMBRE CONSPIRADOR
Me siento aquí, frente a la ventana,
ventana cruel del tiempo.
Observo la conducta intachable de tu locura,
tan fina como el filo de la lobotomía:
hiere tan profunda hasta el desgarro.
¡Pecador! hombre pecador, escritor placentero, te venero.
Pecador, hombre pecador, pájaro incorregible,
suministro tus pastillas, día y noche.
Pecador, hombre pecador del viento y la plazoleta violada,
aún recuerdo cuando, colocaste tu dedo grande en mi boca colorada.
¡Deslumbrante Madrid en las noches de invierno!
humo en mis ojos acalambrados por el opio,
fin del tiempo del poeta.
Pecador, hombre pecador hasta la desfachatez,
tus testículos envejecidos, hombre conspirador:
pídeme, pídeme que sea tu mujer: cuando estés acabando en mi boca.
Leopoldo ha muerto I
Hoy, tienes tiempo de sobra,
bolsillos de viento, mejillas hundidas.
Hoy, tienes tiempo de sobra
para tomar unas copas con un moribundo.
La muerte se fuma tu tabaco Leopardo,
voces quebradas susurran a tu oído supurante.
«Recuerda todos los instantes que viviste conmigo,
Podrían darte alegría ahora, en este tu lecho de muerte».
La muerte se fuma tu tabaco,
me comparte una bocanada,
te deslizas, agonizas.
Aquí estas tú: Leopoldo María Panero,
Hijo de padre alcohólico,
Hermano de un suicida,
Perseguido por los pájaros y los recuerdos.
Escondido en matorrales,
gritando porque termine la memoria.
El recuerdo se vuelve azul y gime,
rezándole a la nada porque muera.
Leopoldo ha muerto II
Siento como te deslizas,
lugar lejano.
Me ruegas que suelte tu mano,
no quiero que te alejes.
Me miras con ojos degollados,
con la boca salada como la luna.
Iris de piedra:
Galileo encarcelado,
Copérnico ridiculizado,
Panero obligado a la clandestinidad.
Soy tu ofrenda, ofrenda viva en cuerpo, susurro.
Estoy feliz, de estar aquí en tu último aliento.
Estoy triste porque estás muerto.
Leopoldo ha muerto III
Sobreviviente de la inundación azul,
pájara indomable, agua cristalina.
La niña impulsiva ha crecido:
quemaste mi poema; despiadado.
Te leí noches completas. ¿Así pagas mi fidelidad?
Prometí acostarme contigo, si me enseñabas a escribir:
teníamos un pacto de libertad.
Cuando yo muera, volveremos a vernos otra vez,
hasta la noche siguiente,
en la inundación azul, seguiré huyendo de tu fantasma.
Cierra mis ojos, absorbe el recuerdo de mi lengua,
besarás la sangre de mi boca rota.