Mendocina, DNI 10.636.896, nacida el 10-12-53.
Profesora de música.
Secuestrada desaparecida el 01-12-76
23 años. Embarazada.
Legajo Conadep nº 6063 y 5210.
Adriana nació en la provincia de Mendoza el 10 de diciembre de 1952 en Godoy Cruz. Sus amigos la llamaban “La Colo” o “Colorada”. Cursó la primaria en la escuela Martínez de Rozas y la secundaria en la Escuela Superior del Magisterio, donde se recibió de maestra.
Su hermano Nino la describe como afectiva, brillante, con un enorme compromiso ético, espontánea, hermosa. Una persona luminosa dotada para todo aquello que quisiera hacer. Adriana tenía un especial talento musical. No sólo estudió piano en la Escuela de Música de la UNCuyo, sino que tocaba además la guitarra y cantaba.
Adiana se casó en octubre de 1976 con Marcelo Carrera. Ambos eran militantes del Partido Revolucionario del Pueblo (PRT) y colaboraban con la construcción de viviendas en un basural situado en la zona de La Estanzuela. Según los testimonios de sus compañeros y compañeras de militancia, la “Colo” era linda, muy atractiva, además de una pianista brillante.
Trabajó como profesora de música en la escuela primaria Petrona G. de Burgoa.
El 24 de noviembre de 1976, apenas un mes después de su casamiento, secuestran a Marcelo, su marido, en la casa donde vivían.
Al día siguiente la propia Adriana presenta un Habeas Corpus el cuál es rechazado por el juez Guillermo Petra. También realiza la denuncia en la comisaría Séptima donde da detalles importantes, como que vio un Falcon sin patente y que del secuestro participaron cuatro hombres con armas largas, de color oscuro. También denunció el abuso sexual contra ella por parte de uno de los secuestradores. En la comisaría la atendió un oficial de apellido Rivero, quien la interrogó sobre dónde vivía, qué hacía y sus horarios. No se investigó el secuestro, ni la violación y ni el ataque.
Siendo que ya habían secuestrado a su marido y al cuñado, Rubén Bravo, Adriana decide ir a vivir con sus suegros.
El 1 de diciembre del mismo año, una semana después del ataque en su casa, cuando regresaba del acto de fin de curso en la escuela Burgoa, Adriana es secuestrada en la vía pública. Estaba embarazada probablemente de 2 meses
En septiembre del ’77, al padre de Marcelo le llegó un dato: el hijo nacido en cautiverio estaba vivo. Lo supo por una enfermera conocida, quien le contó que, en una noche de ese invierno, vio un operativo militar en el Hospital “Emilio Civit”. El médico que estaba de guardia había firmado el certificado de “nacido vivo” del bebé. Todos los datos llevaban a que la parturienta fuera Adriana. Ella, la ‘Colo’, con un arma en su sien, desnuda y escoltada por fusiles, había parido un niño.
El juez Petra tuvo conocimiento de todos los delitos cometidos contra la familia constituida por Marcelo Carrera y Adriana Bonoldi: robo, ataque sexual, secuestro y desaparición forzada y nada hizo.
Las familias presentaron tres Hábeas Corpus más y todos fueron rechazados por el juez Guzzo, con notificación y toma de conocimiento del juez Romano.
Lo que transcribimos a continuación es un fragmento del “Homenaje a mi maestra de música Adriana Bonoldi, desaparecida”, de María Ester Correa, exalumna de la escuela primaria Petrona G. de Burgoa.
“…La vimos llegar al reemplazo de la otra profe de música y les impactó su belleza y juventud, su aspecto juvenil en el vestuario, sus ojos brillantes. Llegaba con una sonrisa que llenaba el alma, tiraba el morral tejido con flores, se descalzaba, sentada en el piso con las piernas cruzadas, y nos sentábamos todas en ronda. Nos enamoramos de su encanto, juventud, mirada diáfana y alegría desbordante, el amor por la vida, el folklore, la música y su patria.
Todo cambió, ya que Adriana convirtió la escuela con sus clases de música en una fiesta de los sonidos y el color, cantando en el patio, formando un coro, ganándonos a todas con su cariño, cantando folklore y música moderna.
Así como llegó, se fue….
Años más tardes, pocos nomás, supimos que se la habían llevado los militares, que era una desaparecida”
Las familias Carrera y Bonoldi aún los buscan incansablemente.