No hace mucho tiempo, quizá un medio siglo atrás, en las estribaciones de los andes, en uno de los pocos rincones selváticos que quedan entre el yunga y la sierra, muy cerca de una quebrada profunda y de suelo casi inaccesible para los humanos
Todos esperaban en la granja el gran acontecimiento. El nacimiento de los polluelos de mamá pata. Llevaba días empollándolos y podían llegar en cualquier momento.
Había una vez unos leñadores muy pobres que tenían siete hijos, todos ellos varones. El más joven de todos, que era también el más astuto, nació muy pequeño, del tamaño de un pulgar, y por eso todos le llamaban Pulgarcito.
Había una vez tres hermanos cerditos que vivían en el bosque. Como el malvado lobo siempre los estaba persiguiendo para comérselos dijo un día el mayor:
Érase una vez un anciano carpintero llamado Gepeto que era muy feliz haciendo juguetes de madera para los niños de su pueblo.
Un día, hizo una marioneta de una madera de pino muy especial y decidió llamarla Pinocho.
Érase una vez una familia de osos que vivían en una linda casita en el bosque. Papá Oso era muy grande, Mamá Osa era de tamaño mediano y Osito era pequeño.
Había una vez veinticinco soldaditos de plomo, hermanos todos, ya que los habían fundido en la misma vieja cuchara. Fusil al hombro y la mirada al frente, así era como estaban, con sus espléndidas guerreras rojas y sus pantalones azules
Había una vez una viuda pobre que vivía con su hijo Jack. Un buen día, la madre de Jack le dijo que vendiera la única vaca que tenían para poder comprar comida y así pasar el largo invierno
Hace mucho mucho tiempo hubo en Alemania una ciudad llamada Hamelín. Era una ciudad rodeada por murallas, muy bonita y también muy próspera puesto que tenía un importante puerto al que iban comerciantes de todo el mundo.
Había una vez un campesino que tenía un asno. Durante mucho tiempo le había servido para llevar los sacos de trigo al molino, pero el asno se empezó a hacer viejo e inservible y el amo pensó en deshacerse de él.