La valoración del proceso desarrollado permitió reconocer que la intervención produjo avances significativos en los ámbitos académico, emocional y comunitario. Se evidenció una recuperación gradual de los aprendizajes esenciales, acompañada de mejoras notables en la fluidez lectora y en la escritura. Del mismo modo, se fortaleció la autorregulación emocional, se recuperó la convivencia escolar y se afianzó la relación entre la escuela y la familia, elemento indispensable para la continuidad y el acompañamiento de los procesos educativos.
La experiencia demuestra que las estrategias pedagógicas son más efectivas cuando se articulan con la cultura del territorio, los intereses de los estudiantes y las realidades familiares, lo que permite que el aprendizaje sea significativo y coherente con las necesidades del contexto rural e indígena.