Una antigua narración cuenta que un hombre muy fuerte encontró en medio del camino una enorme roca que impedía el paso para los carruajes. Este hombre hizo un gran esfuerzo para moverla, pero no lo lograba, mientras otros caminantes lo observaban. Un sabio le dijo, “utiliza toda tu fuerza”, así que él volvió a ejercer toda la potencia de sus músculos con diversas técnicas para remover la piedra hasta estremecer sus extremidades y perder el aliento, sin embargo, no logró moverla ni un ápice. Nuevamente el sabio le cuestionó, “utiliza toda tu fuerza” a lo que el hombre respondió enfurecido “tú qué sabes sobre utilizar toda la fuerza, siendo que eres viejo y débil”. El sabio gentilmente le dijo, “has olvidado que nosotros, que estamos aquí, somos parte de tu fuerza, como lo puede ser una palanca y otras herramientas …
El Evangelio de Jesús nos inspira: nos sentimos llamados a poner todo en común, para que nadie pase necesidad (Cfr Hech 4, 32) siguiendo los pasos de Jesús que pasó haciendo el bien (Cfr. Hech 10, 38) y guiados por el Espíritu que Él nos dejó. Con la mirada de la fe y visto desde el punto de vista de nuestros dones y talentos, esas cualidades y oportunidades recibidas llegan a su plenitud cuando los ponemos el servicio de la comunión impulsados por el amor que Dios pone en nuestros corazones.
San Mateo nos habla de la relación de los talentos y el reino de Dios “El reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió…” (Mt. 25, 14-30) lo que Dios nos da no es para enterrarlo, es para hacerlo crecer y los talentos crecen cuando los ponemos a trabajar en el servicio desde el amor y la confianza.
Compartimos aquí el proyecto, para que todos lo podamos conocer.