Desde que comenzó el auge turístico en nuestro país, centrado en el litoral mediterráneo, las comunidades autónomas del interior han redoblado sus esfuerzos por desarrollar esta actividad, conscientes de los elevados beneficios que reporta. Extremadura no ha sido ajena a esta tendencia y en apenas dos décadas ha conseguido erigirse en un destino turístico de interior cada vez más apreciado por los turistas.
Para desarrollar la actividad cuenta con una gama de atractivos amplia y variada, de notable calidad en muchos casos como lo atestigua que tengan un sello de la UNESCO o que gocen de la protección que le otorga la Ley de Conservación de la Naturaleza y Espacios Naturales de Extremadura (Ley 8/1998, de 26 de junio; Ley 9/2006, de 23 de diciembre). Entre las principales conclusiones que se extraen, es posible destacar las siguientes:
En primer lugar, se pone de manifiesto que el turismo es una fuente de ingresos muy notable para nuestro país, tal como se recoge en la Cuenta Satélite del Turismo, si bien, el dilatado periodo de crisis económica y financiera también ha afectado de forma notable al sector. Afortunadamente, la actividad comienza a recuperarse, poco a poco, hasta alcanzar valores similares a la época anterior a la crisis.
En segundo lugar, cabe mencionar que el auge turístico ha pasado por momentos críticos al igual que en otras zonas del país como consecuencia de la crisis económica y financiera. No obstante, esta no es la única causa que ha provocado problemas en el sector, pues se ha producido un incremento muy importante en la planta de alojamientos, multiplicando su capacidad, sin considerar que el ritmo de crecimiento de la demanda era sensiblemente inferior. Todo ello denota que las políticas turísticas conducentes a la captación de turistas no han sido del suficiente calado como para equiparar el aumento de plazas con el de turistas o de pernoctaciones. En este sentido se observa que la oferta de establecimientos y, consecuentemente, el volumen de plazas se ha incrementado de forma muy notable desde 2001. Sin embargo, el aumento en el número de viajeros y de pernoctaciones no ha sido tan elevado y ha experimentado descensos durante los peores años de la crisis. Aun así, se observa una tendencia muy positiva tanto en la oferta como la demanda si consideramos la tendencia general de todo el periodo analizado.
En tercer lugar, cuando relacionamos las pernoctaciones registradas con el volumen de plazas existentes durante los años analizados se detecta un descenso notable de las ratios como consecuencia de un crecimiento mayor de oferta que de demanda. Esta situación llega a niveles preocupantes en 2013, año en el que se alcanzan solo 73,9 pernoctaciones de las 365 posibles por cada plaza ofertada. No obstante, a partir de ese año comienza a observarse una clara tendencia de crecimiento, aunque todavía la proporción se mantiene alejada de las 106 pernoctaciones por plaza estimadas para 2001. Así mismo, cabe destacar que estos desajustes afectan a las 4 tipologías de alojamiento analizadas.
En cuarto lugar, se destaca la fuerte estacionalidad que tiene el sector, sobre todo en los alojamientos no hoteleros, ya sean de turismo rural, campamentos o apartamentos, que además son los tipos de alojamiento que presentan mayores desajustes en otros parámetros turísticos.
En quinto lugar, se concluye que el avance territorial del turismo ha sido muy importante, pues si en 2001, había 144 municipios que albergaban algún tipo de alojamiento, en 2015 se cifran en 288 sobre el total de 388 con que cuenta Extremadura actualmente. La expansión territorial ha afectado sobre todo al alojamiento hotelero y rural, pues el extrahotelero ha experimentado muy pocas fluctuaciones a lo largo del periodo estudiado. Además, el análisis territorial corrobora la dispersión de la oferta de alojamientos hoteleros por las principales ciudades de Extremadura y por zonas con recursos muy concretos. En cambio, el alojamiento rural se ha expandido de forma muy notable por las zonas de montaña del norte cacereño, a la vez que comienza a desarrollarse en espacios que gozan de cierto atractivo, vinculado a la presencia de ecosistemas bien conservados o a la presencia de biotopos o biocenosis muy atractivas para el turista.
Por último, tras este breve ensayo, se pone de manifiesto que nos encontramos con una zona muy atractiva para desarrollar el turismo, que además dispone de buena acogida entre la demanda, pero que precisa de actuaciones encaminadas a corregir la desviación entre la oferta y la demanda. Esto solo se conseguirá si se opta por generar productos turísticos de calidad, novedosos y vinculados al potencial atractivo de que disponga el territorio.