Las áreas protegidas no han dejado de incrementar su superficie a escala mundial, al tiempo que el corpus normativo ha ido definiendo una serie de figuras que tratan de reflejar la enorme diversidad que encierran los espacios naturales. Entre estas figuras se encuentran los parques nacionales, espacios a los que se les atribuye un innegable valor ambiental y cultural, caracteres por los que han adquirido la condición de atractivos turísticos de primer orden en un contexto de demanda creciente, tanto en España como en el resto de países del mundo.
En España, la red de parques nacionales la conforman 15 espacios que, durante el año 2016, recibieron algo más de 15 millones de visitantes. Dentro de estos espacios se encuentra el Parque Nacional de Monfragüe, tras incorporarse a esta red después de la pertinente declaración como tal en el año 2007. Al mismo tiempo, este parque ha ido sumando en los últimos años otros reconocimientos a nivel de figuras de protección, que no hacen sino remarcar los valores paisajísticos, culturales, faunísticos y florísticos del territorio protegido. Aunque la superficie afectada por el Parque Nacional suma poco más de 18.000 hectáreas, hay que tener en cuenta que su área de influencia socioeconómica es mucho más extensa.
En esta zona, integrada por 14 municipios, se observa una tendencia demográfica regresiva, propia de la que sufren numerosos municipios rurales de España que se caracterizan por la escasa diversificación económica, desempleo, envejecimiento, menor nivel de rentas... Al mismo tiempo, se constata un notable peso del sector agrario, tanto a nivel del número de empresas como de trabajadores en alta. Bajo este escenario la declaración de Monfragüe como Parque Nacional levantó evidentes expectativas entre los agentes públicos y privados de la zona que no se han visto reflejadas en la fijación de la población. De igual modo, excepto en el bloque de los alojamientos rurales, tampoco se ha constatado un avance en la capacidad de las diferentes tipologías de alojamientos turísticos existentes en la zona que, en cualquier caso, ha sido inferior al que han experimentado los de Extremadura.
Por último, a la luz de los datos de visitantes que se exponen en el gráfico, no se observa un crecimiento del número de visitantes en el periodo 2007-2016, aunque sí se puede confirmar con claridad, teniendo en cuenta los datos provenientes de las otras fuentes utilizadas, el interés que suscita este espacio natural entre los visitantes que llegan a Extremadura, tal y como desvela la encuesta realizada en las oficinas de turismo. Este interés recae en personas que llegan a Extremadura bajo un perfil polimotivacional. Este dato es de enorme interés, pues representa que la marca parque nacional funciona en el caso que nos ocupa a la hora de atraer a los flujos turísticos que llegan a Extremadura, confirmando la hipótesis inicial. Sin embargo, si relacionamos el enorme interés desatado entre la demanda, confirmado por el alto porcentaje de personas encuestadas que afirman que van a pernoctar en Extremadura, con el escaso crecimiento de la oferta alojativa en el periodo señalado, se deduce que una gran parte de los visitantes que llegan a este espacio natural se comportan como excursionistas. Como consecuencia de esta forma de proceder, una parte significativa del gasto turístico no se realiza en el ámbito geográfico de los municipios que integran la zona de influencia socioeconómica del Parque. Estos datos deberían tenerse en cuenta de cara al diseño de estrategias en materia de turismo, con el objetivo prioritario de que la llegada de visitantes pudiera tener un mayor impacto en la economía de los municipios de la zona de influencia y, como consecuencia de ello, contribuir a la fijación de la población y a la supervivencia de los municipios que comprenden el área de influencia socioeconómica del parque.