Me motiva querer combinar la disciplina de la educación con la bibliotecología de diversas maneras. He explorado algunas teorías desde el campo de las Ciencias de la información sobre el proceso de búsqueda, como el ISP de Kuhlthau, sobre qué es lo que motiva al usuario a buscar información, cómo explora y se relaciona con los sistemas de información académicos y no académicos. Este modelo está basado en el modelo educativo constructivista y las zonas de desarrollo próximo de Vygotsky. Pensando en la zonas de desarrollo próximo, Kuhlthau integra al diseño ¨zonas de intervención¨ (o apoyos) por parte del/de la bibliotecario/a y del maestro/a. Estas zonas de intervención surgen en los momentos de mayor conflicto emocional y su propósito es establecer una conversación con el/la estudiante para ayudarle mejor.
Este fundamento teórico-pedagógico que parte desde la bibliotecología me llevó a querer investigar cómo abordar tecnologías nuevas, así como qué beneficios y retos presentan. También me llevó a indagar sobre cómo mejorar, poco a poco, los talleres que imparto con principios pedagógicos que aprendía en los cursos, como el aprendizaje constructivista, el diseño inverso y estrategias como el aprendizaje activo y el trabajo en grupos. Si bien soy consciente de que el tiempo que tengo con los grupos es limitado, considero que pude trascender el taller tradicional de uso de herramienas de busqueda y llegar a realizar talleres fundamentados en principios pedagógicos. Uno de los retos constantes ha sido cómo aprovechar el tiempo del taller de manera que los estudiantes salgan motivados a explorar recursos de informacón y confiados en que lograrán hacer el trabajo. Me evolucionado mi esfuerzo por maximizar el tiempo del taller diseñando actividades pedagógicas que reten a las mentes presentes a reflexionar sobre cómo buscamos información, para qué lo hacemos y cómo debemos comunicarla con efectividad.
Mi visión de lo que debe ser un taller se puede describir como un entorno abierto e inclusivo, donde el estudiantado tiene a la bibliotecaria o al bibliotecario docente como guía e interlocutor/a. La interacción entre el bibliotecario y el estudiante se fundamenta en diálogos que abren puertas y exploran posibilidades, sobretodo si se relacionan con tecnologías emergentes. Concibo la relación académica entre bibliotecaria docente y estudiante como una conversación horizontal, basándome en la idea de que somos guías cuando el estudiantado nos busca para conocer más sobre alguna tecnología, y le motivamos a continuar aprendiendo y a retarse continuamente.
El trabajo en los cursos me ha convertido en partidaria de la idea de que se aprende bien en solitario, pero se aprende mejor en un entorno social y colectivo, así que en mis talleres, ya sean presenciales o virtuales, procuro fomentar la participación en grupo y el diálogo. También procuro incluir tecnologías móviles de sondeo y pruebas cortas para hacer assessments grupales. Estas interacciones motivan a los y las estudiantes a participar y a manifestarse. Deseo, en un futuro cercano, ofrecer talleres fundados en la teoría crítica de competencias de información, así como planificar avalúos más concretos para proveer información más exacta sobre el impacto de estos talleres para el estudiantado.