Este poemario nació en el taller "Todo parte de una misma sensibilidad", de la artista argentina Milagros Pochat.
La muerte revela un tesoro es un glosario de la A a la Z, con poemas cuyo título es un concepto que he asociado a mi experiencia con la muerte. En la obra, menciono a mis abuelos, a mi hermano y a mi padre, mis muertos; y también hago referencia a mi propio proceso en relación a la muerte, a mi duelo y a mis idas y venidas de la vida y de la muerte. Porque cuando un ser amado muere, también morimos un poco los que quedamos.
Cada poema se presenta junto a una ilustración, que he realizado a lápiz negro sobre papel. Tengo la sensación, y ese ha sido el objetivo, que cada ilustración es tan importante como cada poema, por eso es que llamo a esta obra un "poemario ilustrado".
La palabra tesoro, en su cuarta acepción en la Real Academia Española, dice Nombre dado por sus autores a ciertos diccionarios, catálogos o antologías. De ahí el título de mi poemario. La muerte, a pesar de todos sus dolores, me ha dejado un tesoro.
Milagros, además de haber acompañado mi proceso de creación de este poemario ilustrado, ha tenido la generosidad de escribir el epílogo:
¿Qué queda después de aceptar la muerte? se pregunta Pía, con una ternura de infancia. Y en ese gesto surgen las palabras y sus sentidos, en el intento de nombrar y reparar la pérdida, los paisajes que ya no están, los retazos de la memoria. Pero a veces las palabras no alcanzan, y cuando las palabras no son suficientes, porque la muerte nunca es suficiente, aparecen las imágenes. Con un lápiz negro y un trazo sensible, deja ver la suavidad de su voz. Como si fuesen pistas o acertijos para nombrar lo que ya no está, y a fuerza de aceptar lo que queda, va configurando un glosario imaginario para el duelo: una tierra llena de contrastes.
En este territorio, Pía reconstruye su historia y aparece el jardín, la boina de su abuelo, los cerros, su hermano Álvaro, la muerte, la vida que siempre insiste. Como insiste el amor. El amor que abre un surco donde volver a nacer, donde las imágenes y palabras, como hilos y agujas, zurcen las heridas y permiten una nueva mirada.
Este libro es el retrato de una vida donde la voz asciende para mostrar su brillo y le da forma a aquello que no la tiene. La muerte revela un tesoro, también un corazón y toda su belleza.
Presentación
Mi primer recuerdo es la imagen de mi padre abandonándome para siempre, en la plaza del pueblo donde crecí, mientras mi abuela sostenía fuerte mi mano diminuta. La siguiente imagen es la de mi hermano pequeño muriendo en una cama de hospital, en circunstancias trágicas, extrañas y de interés público. A continuación, veo mis pies entrando a una iglesia, a la despedida de mi compañero de juegos, tratando de ignorar las miradas lastimeras de mis vecinos de toda la vida y de un grupo de periodistas ávidos de testimonios para alimentar el morbo, mientras sus enormes cámaras invadían la intimidad del duelo. Con una seguridad que aún me asombra, me acerqué al féretro del niño al que más he amado en la vida, lo vi con su camisa a cuadros y solté un llanto que el eco de la construcción religiosa multiplicó dramáticamente.
En los años sucesivos fui, poco a poco, perdiéndolo todo, a mi madre en su duelo, a mi fe, a mi capacidad de disfrutar y a mi abuelo, José Agustín, a quien he querido incluir en estas páginas, como una forma de homenaje al poeta que también fue una vez.
A los quince años estaba tan deprimida que rogaba a dios que me enfermase con cáncer para poder morir sin la responsabilidad del suicidio. La vida tiene cierta justicia y cuando, años más tarde, sí tuve cáncer, tuve el privilegio de una madre que pudo costear a los mejores médicos y salí con un órgano menos, pero viva y a salvo de la muerte.
La historia es mucho más que estos párrafos, fui una niña llena de afectos, de primos con los que crecí, jugué, reí y peleé, como se crece, juega, ríe y pelea con nuestros primeros amigos. He sido amada por mi abuela, a quien también incluyo aquí; y mi madre, de manera que sólo una persona afortunada puede hacerlo. He hecho lo que he querido, me he zafado de las peores consecuencias de muchos de mis actos erráticos e impulsivos. He cumplido sueños, mientras sigo albergando tantos más. Para resumir, tengo la bendición de aún poder enamorarme de la luna, de un atardecer, del olor a lluvia, de la sensación de mis pies sobre la tierra húmeda.
Luna Nueva es la coronación de haberme conquistado, de haber apartado mi existencia de la completa oscuridad, de haber vencido a las terribles criaturas que nacieron y crecieron en mi corazón fracturado, de haber recuperado mi espíritu, de haber vuelto a creer en la poesía, de haber arrancado de mi alma el peso diario de mis dolores, de haber podido dejar un espacio en mí, para reír a carcajadas porque sí, porque reír es divertido, y la vida también puede ser divertida.
Luna Nueva simboliza un comenzar.
Luna nueva fue mi primer poemario, lo que ves arriba es la presentación que hago en el libro. Es una obra larga y dolorosa, tal como lo fueron todos los años en que estuve en duelo por las pérdidas que viví siendo muy pequeña y que en mi adolescencia y juventud surgieron para procesarse.
Son más de doscientas páginas, cinco capítulos y noventa y un poemas escritos entre los años 2018 y 2020, con una impulsividad que casi no pude controlar. Fue una purga, completamente.
En 2023 edité la obra con Primeros Pasos Ediciones, una editorial de Rancagua; y en 2024 hice una segunda edición, que fue muy especial, pues fueron 50 ejemplares encuadernados y cosidos a mano por mí, me imagino que ese copiar, plegar, cortar, coser, pegar, volver a cortar y volver a pegar, fue el trabajo manual que necesitaba para darle un cierre, desde mi cuerpo, al duelo de más de veinte años.
Cada capítulo de Luna nueva tiene una portada que es una ilustración impresa en hoja negra. Esas ilustraciones las bordé y en cada presentación que hice, expuse mis cuadros bordados.
El prólogo de mi primera edición (la segunda edición., no tuvo), fue escrito por mi tía materna, María Gabriela Gálvez:
La poesía se escribe desde el alma, con el corazón expuesto.
En el poemario “Luna Nueva” Pía nos lo muestra en toda su vulnerabilidad.
Recorremos, a través de lo que va escribiendo, distintos momentos de una vida tocada, como todas, por la alegría y el dolor, la tristeza y el abandono, la soledad y el desconcierto. Y lo hace descarnadamente y con valentía, pues se necesita de ella para dejar al descubierto todo lo que se ha querido guardar para uno, ocultar de los otros, negar a las miradas inquisidoras y al juicio a menudo crudo y falto de empatía. En una especie de catarsis, se va reconociendo a sí misma y nos permite reconocernos también a nosotras en más de un verso, lo que hace conectar y querer leer hasta el final.
Nacer y morir, vivir y sentir, gozar y sufrir. Pedir y agradecer. Mientras se vive, la vida te golpea, te lacera, te lastima, te rasguña y también te acaricia, te contiene, te acoge, te tranquiliza. Solemos sentir lo primero antes que lo segundo, la mayor parte de las veces. En este poemario vamos transitando lenta y calmadamente, veloz y violentamente por cada uno de esos sentires. Hay un grito, mil gritos y una fuerte voz de esperanza. Tanta vida en tan corta vida.
La poesía se escribe, me dijeron una vez, sólo en momentos de tristeza. Y tal vez tuviera razón quien lo dijo, tal vez para Pía eso sea cierto, tal vez para todos sea cierto, pero me gusta pensar que se escribe en momentos de purga. Tal vez la poesía sea eso, una purga del corazón contrito por el peso de la existencia. Así, uno a uno, los poemas que nos entrega Pía en este poemario, se van sumergiendo en una aventura hacia el interior que termina interpelando también al otro en cuanto sujeto individual y colectivo. No es sólo ella misma la que queda reflejada en sus poemas.
Somos también nosotros los que la leemos. Remece y, a veces, aturde.
En palabras de Víktor Frankl, la principal preocupación del ser humano no es buscar el placer o evitar el dolor, sino encontrar sentido a su vida. Creo que Pía va en camino a ese encuentro.
Desde mi mirada, lo que se presenta al lector de aquí en más, llama, ante todo, a la reflexión. Les invito a leerlo con calma.