Rancagua, 9 de mayo de 2025
El viernes recién pasado pude presentar en sociedad mi segundo poemario "La muerte revela un tesoro". Fue una jornada muy emocionante para mí, aún no puedo procesar muy bien todo lo ocurrido. El salón Samuel Román de la Casa de la Cultura en Rancagua, estaba lleno de personas que fueron a ver mi trabajo, no quedaban sillas disponibles, habían muchos invitados de pie y otros sentados en el suelo ¡abrumador! de verdad.
No sé cómo expresar con palabras lo que sentí, lo que aún siento. Este año ha sido una preparación constante de lo que fue el día viernes, mi energía estuvo muy enfocada en esta presentación. Quiero dejarles parte del registro que escribí en mi cuaderno de agradecimientos, de lo que ha sido y fue este camino:
Terminé de bordar y armar mis cuadros y sus soportes el mismo día viernes en la mañana. Junto al Dani (mi compañero) estuvimos trabajando en los últimos detalles toda la noche del jueves y la madrugada del viernes. Nos fuimos a descansar a las 7.20 de la mañana, ya había amanecido. Dormimos un rato, nos levantamos, nos arreglamos, cargamos el auto y salimos.
A las 15.00h, cuando íbamos saliendo, me llegó un correo avisándome que el salón estaría ocupado con una actividad hasta las 17.30h (mi presentación estaba agendada para las 18.00h y tenía que montar y ordenar todo). Mi primera reacción fue de nervios y ansiedad, pero después decidí dejarme llevar y entregarme a lo que fuese a pasar. A las 17.30h llegamos a ordenar todo, hubo invitados que llegaron muy puntuales y que al verme ordenar, se incorporaron a ayudarme, lo que me incomodó porque sentí que estaba molestando, pero después me di cuenta que esa incomodidad es esa parte de mí a la que le cuesta recibir ayuda, así que decidí dejarme querer y agradecí la ayuda.
Como dije antes ¡el salón estaba lleno! no puedo explicar todavía la emoción que esto genera en mí, pues había más personas que para el lanzamiento de Luna nueva. Lo registro como una emoción inefable.
No pude terminar los cuadros como lo planifiqué porque le di mal las medidas a Marcos (quien cortó los palitos) y ya no alcanzaba a rectificar, porque, obvio, hice todo a última hora. De todas formas, creo que los cuadros quedaron muy bonitos, a todo el mundo les gustó. Yo soy un poco insegura aún de mi trabajo, por eso menciono lo que dijeron los demás.
Todos los detalles fueron hechos desde lo artesanal y me parece que eso es muy bonito y coherente con quién soy. La falda y el kimono que usé me los hice yo, la blusa la bordó mi mamá y los aros los hizo para mí una amiga (Javi). Las flores que habían en los floreros, son flores silvestres de mi casa (los floreros son frascos de vidrio reutilizados de, posiblemente alimentos). Los vinos los hace una pareja amiga, de cepa país y la etiqueta fue dedicada especialmente a mi poemario.
¡Estoy feliz! decidí que esta semana la dedicaré principalmente para descansar y retomar energías. Ahora quiero planificar una presentación en Santiago, pues aún me queda mucho por compartir acerca de este libro.
Acá abajo dejaré imágenes que me fueron enviando mis cercanos. Gracias a cada persona que fue a mi presentación, mi escritura es también compartir.
Agradecimientos:
A Felipe Díaz, mi compañero de podcast, quien fue el encargado de guiar y moderar la presentación, además, escribió una hermosa reseña de mi libro, para él, vayan mis agradecimientos.
A Jaime Arenas, quien escribió un bellísimo comentario de La muerte revela un tesoro. A Jaime lo conocí en la clínica, me asistió desde lo terapéutico en su momento, hoy, años después, me reencuentro con él, gracias a Felipe y vuelve a asistirme, esta vez desde lo poético. Hermoso.
A mi mamá, por creer eternamente en mí y en lo que puedo crear.
A Dani, mi sostén y amor cotidiano.
A Marcos, por su apoyo generoso y desinteresado.
A Milagros Pochat, mi profe de taller, por abrir un lugar que aún no conocía de mi creación.
A Caro, mi cuñada, por ofrecer ayuda y siempre estar dispuesta.
A la Viña Ana Celia, por agasajarnos con sus exquisitos vinos.
A Ivonne Díaz, por invitarme, motivarme a vivir la poesía.
A Javiera Polgatiz, por crear y bordar para mí los hermosos aros que usé el viernes.
A cada una de las personas que llegó a ser parte del hermoso proceso que expuse el viernes. La escritura no tendría sentido si no hubiese quien la leyera, quien la escuchara, quien la habitara.
A mis muertos, por su vida, por su amor, por su compañía eterna.
¡Gracias, gracias, gracias!