Investigación Comparativa
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Dr. Pablo Martínez Martínez, Físico, Médico, Especialista, Magíster, Doctor en Física.
Se representa este reporte sobre el proceso de investigación comparativa. Hace unos meses, mientras participaba en un programa de televisión, una de las personas que participaban comentó que era imposible que el proyecto del que formo parte llegara a Marte, debido a que, en aquel momento, no existía la tecnología de cohetes necesaria para ello.
Aquella afirmación me hizo mucha gracia viniendo de alguien que, supuestamente, era experta en el espacio y la tecnología espacial, por motivos que desglosaré más adelante pero, sobre todo, me hizo regresar a mis apuntes y realizar un repaso sobre la historia pasada del cohete, y a echarle un vistazo a su futuro.
El primer paso de la ciencia del cohete se dio, como en otros muchos avances tecnológicos, mucho antes de que a nadie se le ocurriera si quiera la idea de cohete. Para poder tener un cohete, lo primero que hace falta es tener propulsión, algo que la historia nos dice se consiguió, por primera vez, en torno al año 62 D.C., cuando Herón de Alejandría inventó la esfera de Eolo, una esfera que giraba sobre si misma propulsada por vapor de agua (también se la considera la primera máquina térmica, por cierto).
El siguiente hito dentro de esta historia se da varios siglos más tarde, en China, cuando emplearon la pólvora para propulsar una serie de armas que se lanzarían contra el enemigo, hay referencias a este uso ya en el siglo VI D.C., con las denominadas Saetas de fuego.
Los primeros cohetes que se pueden reconocer como tales fueron, históricamente, situados durante el siglo XIII también en China, empleándose para defender la gran muralla, aunque fueron rápidamente traídos a Europa (aquí la historia se vuelve un poco confusa, algunos dicen que fueron los árabes, otros los mongoles, otros los cruzados, otros que fue Marco Polo… el caso es que los trajeron).
Una vez en Europa, con alguna pequeña mejora respecto a los originales, el principal uso de los cohetes siguió siendo la guerra hasta que, ya en 1903, el ruso Konstantín Tsiolkovsky, publicó el primer estudio científico sobre los cohetes que promocionaba su uso para la exploración espacial.
Este trabajo, además, de realizar exhaustivas investigaciones comparativas, incluyó numerosas propuestas y proyectos para mejorar la eficiencia de los cohetes, entre las cuales se encuentra la que, a la postre, permitiría dar el paso decisivo hacia la cosmonáutica, el uso de combustibles líquidos, en lugar de los sólidos que se empleaban en ese momento.
Fue en los años 20 cuando, de forma independiente, Robert Goddard en Estados Unidos, y Wernher Von Braun en Alemania, desarrollaron los primeros motores con combustible líquido, aunque no fue hasta la segunda guerra mundial, con las tristemente famosas bombas V1 y V2 alemanas, junto a los retrocohetes para uso en algunos de los aviones alemanes, cuando la tecnología se desarrolló hasta un punto de fiabilidad suficiente cómo para permitir su utilización de forma generalizada.
Tras la segunda guerra mundial comienza, por fín, la separación entre los cohetes para uso civil y militar, me centraré en los primeros, para dejar de lado la evolución de los cohetes militares, incluso aunque las primeras versiones de los cohetes civiles fueron, tanto en el lado estadounidense como en el soviético, modificaciones de cohetes militares.
Los primeros usos de estos cohetes civiles fueron la toma de datos atmosféricos desde la estratosfera, la detección de rayos cósmicos.
Y ahora es cuando llega el momento de enlazar con el comienzo de esta disertación, porque, ¿para que se usan todos estos cohetes? Pues se usan para enviar cosas al espacio, cosas que tienen una masa determinada, cada tipo de cohete puede enviar al espacio una masa máxima, lo que denominamos carga útil.
Los primeros cohetes capaces de alcanzar el espacio apenas podían enviar a una órbita baja una carga útil de unos cientos de kilogramos pero, ya en los primeros años 60, nos encontramos con los Voskhod soviéticos, capaces de enviar a baja órbita hasta 6 toneladas, y los Saturn I estadounidenses, capaces de enviar hasta 9 toneladas. ¿Cómo se relaciona todo esto con la investigación comparativa y el proyecto de investigación, y por qué es importante?
Bueno, entre otras cosas, por que el elemento más pesado que se pretende enviar a Marte es, de momento (aún queda por investigar aquí, pero también me quedan cosas por explicar aún), el módulo de soporte vital, cuya masa se estima en unas 7 toneladas. Así pues, tenemos que, para lanzar al espacio nuestro módulo, no es que sólo que exista la tecnología, es que existe desde hace más de 50 años, para los cuales hemos estado comparando los avances, los aciertos y desaciertos y los éxitos.