La fotografía como acto de memoria
Hago fotografía porque mi abuela estaba perdiendo la memoria. Tenía Alzheimer, y ver cómo se iban borrando los recuerdos, los rostros, las historias que alguna vez habitaron su mente, me llevó a buscar en la imagen una forma de resistencia contra el olvido. Hoy fotografío por la memoria de mi abuela que ya no está, pero también por todas las memorias que merecen ser preservadas, contadas, dignificadas.
La fotografía se convirtió para mí en un modo de narrar, de detener el tiempo aunque sea por un instante. Me gusta contar historias a través de la imagen, recorrer la ciudad con la cámara y capturar aquello que muchas veces pasa desapercibido: los gestos cotidianos, los espacios que guardan memoria, las personas que habitan y resisten en medio del caos urbano.
Mi práctica fotográfica habla de lo político, de lo social, pero sobre todo de lo artístico y cultural. Busco retratar la vida que late en las calles, en los encuentros, en las manifestaciones, en los cuerpos que reclaman y celebran. Cada fotografía es una forma de decir "esto existió", "esto importa", "esto no debe olvidarse".
Fotografío porque creo en el poder de la imagen como documento y como poesía. Porque en cada clic hay un acto de memoria, una manera de honrar lo que fue y de imaginar lo que puede ser. Mi abuela me enseñó, sin palabras, que recordar es un acto de amor. Y yo sigo fotografiando, para que las historias permanezcan, para que la memoria siga viva.