Mi cuerpo como herramienta de protesta
Hago performance social y político porque mi cuerpo es una herramienta de protesta, de enunciación, de denuncia. En el performance, el cuerpo deja de ser solo un vehículo para convertirse en el mensaje mismo, en el territorio donde se inscribe la memoria, la resistencia y el reclamo.
Cuando llevo mi práctica al espacio público, mi cuerpo se vuelve un archivo vivo de las violencias que atraviesan lo social, pero también de las posibilidades de transformación. Cada gesto, cada acción, cada presencia es un acto político que interrumpe la cotidianidad para señalar aquello que el sistema intenta invisibilizar.
El performance me permite hablar desde un lugar que las palabras a veces no alcanzan. Es una forma de resistencia que no necesita permisos ni intermediarios: mi cuerpo presente, vulnerable y potente al mismo tiempo, se convierte en el medio y el mensaje de la denuncia. Es una práctica que cuestiona, que incomoda, que rompe el silencio y que reclama justicia desde la acción misma.
En cada performance habito la tensión entre lo individual y lo colectivo. Mi cuerpo es mío, pero también es el cuerpo social que carga con las heridas históricas, con las injusticias estructurales, con la rabia y la esperanza de quienes no tienen voz. Por eso el performance es político: porque hace visible lo que se quiere ocultar, porque ocupa espacios que se quieren neutrales, porque insiste en que la protesta puede ser también belleza, poesía y dignidad.