Hago mediación porque creo que el arte está al servicio de la gente. Para mí, compartir la historia del arte, hablar con las personas sobre las obras y crear espacios de encuentro es una forma de hacer el arte menos clasista y más accesible.
He sido mediadora en dos versiones del fin de semana de ARTBO, una experiencia que me ha permitido acercar el arte a públicos diversos y romper con la idea de que las galerías y ferias son espacios exclusivos o intimidantes. La mediación es un puente: ayuda a las personas a sentirse bienvenidas, a hacer preguntas sin miedo, a descubrir que el arte también les pertenece.
Me interesa socializar el arte y democratizarlo. Creo que cuando abrimos conversaciones honestas sobre las obras, cuando explicamos contextos sin usar un lenguaje rebuscado, estamos desafiando las estructuras que han mantenido el arte como un territorio de élites. Cada persona que se acerca a una obra con curiosidad, que se siente autorizada a opinar o a conectar emocionalmente, es una pequeña victoria contra la exclusión.
Para mí, la mediación no es solo transmitir información, es crear experiencias. Es invitar a la gente a habitar el arte, a cuestionarlo, a apropiárselo. Es recordar que el arte tiene sentido cuando dialoga con la vida de las personas, cuando sirve para pensar el mundo y transformarlo. Por eso sigo mediando: porque creo en un arte que no se queda en las paredes, sino que sale al encuentro de la gente.