Leopoldo Panero (1909-1962)
Nació en Astorga (León), poeta miembro de la Generación del 36. Con tan sólo 20 años publica en el periódico Nueva Revista sus poemas “Crónica cuando amanece,” y “Poema de la niebla”, en las que se ve la influencia de Jorge Guillén y Alberti.
En 1944 publica en la revista Escorial el largo poema ‘La estancia vacía’, En 1949 publica su libro, ‘Escrito a cada instante’, que recibe el premio Fastenrath de la Academia y, un año más tarde, el premio Nacional de Literatura, consagrándole como uno de los más grandes poetas de posguerra.
En 1960 publicó Cándida puerta, considerada una de sus obras maestras.
“Gran poeta de la pintura, del libro y de la vida” (Benjamín Palencia)
Amante de la pintura,
recrea el ambiente de un amanecer en el que están presentes la diosa del amor y la concha
Ya de las ondas en palor, desnuda
el viento los fulgores de su carne,
naciendo, sí, entre espuma de horizonte
el despierto matiz de los paisajes.
Huyen luceros bajos, roedores
de un oscuro secreto de portales
hacia negras cavernas, titilando
el ombligo sereno de las llaves.
Tuyos símbolos, bien de hastío calmados
del sueño en los paréntesis suaves,
bruñirán laxitudes insensibles
en la escultura igual de las ciudades.
¡Oh mañana tu linfa gaseosa,
Venus exhausta de nocturna clámide,
será memoria, ya, presa y pulida
en malvas perspectivas de postales!
Venus imita, esclareciendo brumas
en una matemática de instantes.
Venus imita, esclareciendo brumas
de antiguas linfas, hoy, compás del aire,
sobre un desierto ya de geometría
y de cuerpos jugando a los cadáveres.
Si en prócer concha tú. Vagas pupilas,
ahogadas, pero a plazo, en finos mares
de blancas olas muelles superpuestas
en una plenitud de horizontales,
dicen silencio, entre las vacaciones
alegres y estiradas de los trajes.
Mientras, maúlla un talud de aristas, gozo
de celos y de títeres nupciales.