¿En qué se diferencia Neltume Centro del resto de las propuestas? (Escrito por socios fundadores y publicado en redes sociales el 11 de Agosto de 2017)
Es una de las preguntas que hoy en día me da gusto responder, me hace sentir orgulloso y permite que mi mente se estimule lo suficiente como para hacer el siguiente análisis. ¿Qué problemática visualizamos como equipo? Para responder a esta pregunta y, por consiguiente, ¿Cuál es nuestra propuesta y solución? Lo primero es generar un análisis para entender cuál es el escenario al cual nos enfrentamos como profesionales y cuál es el estilo de vida de nuestros clientes. Lo que algunos llaman “modernidad” o incluso “Post modernidad”.
Comenzaremos desde lo general a lo particular, entonces,
¿Cuál es el escenario mundial? Estamos en una era de globalización, tenemos acceso a lo que pasa a pasos de nuestra ubicación, como también, lo que sucede al otro lado del mundo. Todo esto gracias a la red que nos proporciona “internet”. La conectividad se vio potenciada por la aparición de los celulares y posteriormente de los Smartphone. Con esto somos más “conscientes” de las situaciones de otras localidades y países, estamos pendientes de la política internacional, la economía y presión de distintos poderes y sectores políticos a nivel internacional. Grandes potencias se enfrentan, provocando miedo y terror en las personas por una posible guerra mundial, invisibilizando las grandes matanzas que han ocurrido, ocurren y seguirán ocurriendo en países que “no importan”. Un escenario catastrófico, lleno de abusos y con protectores del medio ambiente que –nadie protege-.
A nivel nacional, no contamos con política pública de salud mental, pero existen programas que benefician a la población, pero ¿quién realmente tiene acceso a esos beneficios? La difusión de distintos programas y proyectos se reducen a la gran capital; La región metropolitana., dejando olvidadas al resto de las regiones. Pareciera, además, que la salud mental no es un tema relevante en el país, y solo aparece en los medios de comunicación o proyectos de ley cuando existen casos particulares de muerte, suicidio, violencia intrafamiliar, ludopatía descontrolada o cuando una “celebridad” o cuando algún personaje público revela aspectos tormentosos de su mundo interno. –Santiago no es Chile, pero nos hace creer que si lo es-.
A nivel regional, la mayoría de los recursos no son bien distribuidos, tampoco diremos que son grandes recursos los que se destinan a regiones, ya sabemos que “la platita” se queda en Santiago. Hay poco acceso a “lo que sea”, uno como individuo tiene que estar realmente involucrado en alguna temática en particular para enterarse de eventos o actividades. La única fuente de información oficial de la región se restringe a la Radio Biobío, canal 9 o regional. Todo el resto habla de Santiago, si mataron a alguien en alguna región o si sucedió una catástrofe natural.
En Concepción tenemos altos niveles de pobreza, principalmente por comunas marginadas como Coronel, Lota, Tomé, Arauco lo que impacta directamente en el nivel socioeconómico de nuestra provincia. Somos una ciudad reconocida como una fuente de trabajo y de estudio, por lo que el estrés es pan de cada día, al igual que la ansiedad y la competencia constante. Existe la creencia popular de que no contamos con muchos panoramas o actividades culturales, pero… ¿es eso tan verdad? Somos la cuna del rock chileno, contamos con innumerables lugares naturales totalmente atractivos, una comunidad llena de energía y ganas de disfrutar del teatro, la literatura, de la música, el baile y las actividades deportivas. Algunos señalan que el clima no nos acompaña para “salir de la casa”. Quizá es responsabilidad de todos que se haya ido perdiendo el sentido de identidad de la ciudad, o quizá los verdaderos responsables son los que dejaron que se desafiliara a la mayoría de los equipos deportivos de la zona, que el mercado se quemara y que día a día siga deteriorándose, que se perdiera la pérgola, que la vega también cambiara de esencia, que el teatro siga abandonado, que la estación de trenes de Concepción se interviniera arquitectónicamente, que nos “chantaran” un mall en pleno centro de la ciudad, que exista poca presencia policial en lugares que se reconocen como “peligrosos”, que sigan subiendo el valor para entrar a museos o ir a dar un paseo a la desembocadura. Incluso, es altamente probable que se nos hayan olvidado un montón de elementos culturales de nuestra ciudad, pero, no es casualidad. Es difícil acceder a la información en nuestra zona. Es difícil tener una vida recreativa, de esparcimiento, de ocio o de diversión. No tenemos una vida en común-unidad, ya no generamos redes, las destruimos.
Centrando el análisis a nivel individual nos encontramos que todas estas situaciones llevan al individuo a encontrarse solo, silenciado, no-escuchado y por lo tanto invalidad. Un individuo pobre, con una concepción de tiempo fragmentado, sin ocio, sin filosofía, vacío, que ha perdido el “sentido de su vida, de la existencia”. Nos encontramos con personas con sedentarismo, obesidad, que todos sabemos que eso impacta negativamente en el bienestar de la persona. Bajo mucha presión, por el “cumplir”, por el “deber” y sobre todo en búsqueda del éxito (entendiendo el éxito como “tener dinero”). Persiguiendo como fin último “el consumismo”, dejando de lado las relaciones interpersonales, la comunidad, la interacción con otro, la complicidad, la intimidad. Y eso que aún no nos metemos en el concepto de –familia-.
Este sería, entonces, el escenario con el cual no suena apresurado decir que existe un vacío existencial, disfrazado con una cascara de salud, grandiosidad y éxito. (Es coda de navegar un poco por las redes sociales para darse cuenta). Siendo este el escenario, nos preguntamos ¿Qué quiere, que desean, que buscar, que demandan las personas hoy en día? Y se responde automáticamente que quieren una solución rápida a sus problemas, evitar profundizar en los aspectos personales, en la introspección, prefieren quedarse con lo superficial, con lo mágico, la “pastilla mágica que me cura la depresión” y, por tanto, lo cómodo. Pero eso responde el “cómo lo quieren” y NO a lo que desean, porque parece que estamos acostumbrados a eso, a lo rápido, a lo líquido, a lo instantáneo, a lo fácil, a lo que el otro nos ofrece, sin cuestionar si lo necesitamos o no.
¿Qué es lo que se consume hoy en día? Yoga, tarot, lo ancestral, las etnias, la espiritualidad, incluso llegando a denominarse –ateos-, la diversidad, la igualdad, lo femenino, las marcas, el dinero, el éxito, el reconocimiento, la validación, lo rápido, lo emocionante, estimulante, lo diferencial, identidad, lo especial, lo nuevo, lo sexual, sensual, lo poco común, comida, lo prohibido, potencia, ropa, moda, viajes, autos, comodidad, estilo, lo llamativo, poder, control y lo que caracteriza a las nuevas generaciones “la búsqueda de las experiencias y las relaciones virtuales” (¿Reales?) en base a FB, insta, tinder, badoo, Tumblr, etc.
¿Por qué seguir consumiendo eso si ya nos dimos cuenta que no nos genera bienestar? Buscando una respuesta desde lo neurológico, desde la adicción, esto nos entrega placer automático, de manera instantánea, nos estimula mediante luces, sonidos, imágenes, videos y es por esto que no es raro que cada día leamos menos. Nos venden sexo, poder, falsa interacción y logran capturar nuestra atención. Siempre con la premisa a la base de “la esperanza es lo último que se pierde”. Nos ofrecen que “nada va a cambiar, siempre seguiremos iguales, esto se mantendrá estable y seguro” así que vivamos el momento, vivamos el ahora, eso es lo que importa, olvidémonos un rato de la responsabilidad y nos entregan la ilusión de “poder ser otro”, la posibilidad de cambiar, sin necesidad de esforzarnos. “Compra X y te conviertes automáticamente en A, deja de ser un C”.
Todo esto para alimentar una apariencia, la cascara, lo superficial, llegando incluso a aparentar la “des-conexión” como un mérito hoy en día. “Amigo, eliminé mi Facebook”. Lo que vuelve relevante la –Metáfora del viajero/turista-
“El viajero* es quien encontraba lo valioso en el camino, en el recorrido, incluso llegando a convertirse en un explorador. La importancia no radicaba en llegar al destino, sino en cómo lo hacía y para quien. En este caso en particular, el viajero y explorador perseguían el propio bienestar, romper con las barreras físicas y mentales con las que cuenta y experimentar vivencias únicas y significativas. Por otro lado, actualmente nos encontramos con –el turista- personaje que no disfruta del camino y su objetivo es alcanzar el destino ¿para qué? Para fotografiarse y así exponerse en sus redes sociales, todo esto para alimentar su apariencia, establecer su marca personal y registrada, ocupando así un lugar en la mente del otro. Como manera de imitar a los grandes viajeros que causan admiración en la mayoría de las personas”.
Desde esta metáfora o quizá reflejo de nuestra conducta y sociedad, podemos analizar distintos aspectos controversiales. En primer lugar, aparecen los –falsos ídolos o modelos- como es el imitar a los grandes viajeros (viajeros que siguieron un camino propio) y adoptar ese destino como propio. En segundo lugar, podemos analizar la motivación detrás de los –turistas- quienes al responder a la pregunta ¿por qué lo hago? Se puede presumir que respondería a un deseo propio, deseo que vendría de la “necesidad” de alimentar la imagen, apariencia y lo que mostramos al otro: “Soy un aventurero, soy un gozador de la vida, soy un modelo a seguir, soy una persona sana, grandiosa y exitosa”. Todo eso para lograr generar un impacto en el otro, reconociendo que “lo hago por el otro, no por mí”.
¿Realmente sé lo que quiero, deseo y necesito? Saquemos de la ecuación al – otro- ¿Qué nos queda? Solo enfrentarnos a nosotros mismos, al espejo, al reflejo, a las decisiones que tomamos día a día, indudablemente que eso nos genera ansiedad, temor, quizá un poco de miedo. Nos podemos dar cuenta que quizá estamos gastando más en ropa que no necesitamos, que realmente no nos gusta, que incluso nos lastima. Tenemos deudas por compromisos que ni siquiera son nuestros, comemos comida que no nos hace bien, que nos hace engordar, disfrazamos todo eso bajo el manto del deseo “tengo ganas de…” o quizá incluso bajo la premisa de “me lo merezco… es un premio… es mi recompensa”. Y así, poco a poco, cuando comenzamos a cuestionar y a procesar todo lo que consumimos, nos damos cuenta que lo hacemos por el otro, y si ese otro deja de existir, todo lo que hemos hecho pierde sentido y es esa una de las grandes explicaciones de las denominadas crisis de los 40 años… o, mejor dicho, crisis de la mitad de la vida. ¿Qué he hecho con mi vida durante estos años?... creo que todos sabemos la respuesta.
Ahora que ya entendemos cual es nuestro escenario mundial, nacional, regional, provincial, comunitario e individual. Además de entender qué es lo que nos moviliza actualmente; el otro (cumplir, deber, publicidad) y el éxito (dinero, admiración) surge una de las preguntas más recurrentes, ¿Cuál es el sentido de mi vida? Interrogante que se genera desde la creación del lenguaje y la comunicación como especie. Entonces ¿Vivo por mi o lo hago por el otro?
Es en este punto en donde Neltume Centro se vuelve indispensable, debido a que se hace cargo de ese vacío, rompiendo con los patrones repetitivos, sin sentido, de nuestra vida cotidiana. Vivimos constantemente como autómatas, seres que transitan en piloto automático, vinculándonos desde el no-vinculo (si es que eso puede llegar a ser posible). Neltume significa “irse libremente” o caminar libremente y es que en el mapudungun no existe la palabra –libertad-, eso se debe a que en la cultura mapuche una persona, solo por el hecho de ser persona, en esencia… es libre. Pero, ¿Qué es ser libre? La libertad está directamente relacionada con la capacidad humana para tomar decisiones, estamos condenados a tomar decisiones, no podemos “no tomar decisiones y dejar que otro decida por nosotros” porque en ese mismo momento estamos tomando esa decisión. Siempre seremos responsables de permitir que nuestra vida sea de esta forma. Cuando nos volvemos conscientes de la condena de decidir, entendemos que es nuestra responsabilidad lo que vivimos, impidiendo “culpar” a otros lo que nos toca vivir y dándonos la posibilidad de dirigirnos a nuestra felicidad. En ese proceso de “darme cuenta” puedo comprender que estoy condenado a ser feliz, si es que me responsabilizo de mis decisiones. No tiene que ver con el otro, tiene que ver conmigo. Entonces, ¿Vivo por el otro o lo hago por mí?
Nuestro equipo no se restringe su trabajo al ejercicio profesional, reconocemos la persona detrás del profesional; dando paso al encuentro entre un profesional y un cliente, y por consiguiente, la vinculación entre dos personas que genera una experiencia de enriquecimiento mutuo. El ejercicio de reconocer y aceptar a la persona detrás de los roles, permite generar un aprendizaje significativo y la posibilidad de un cambio personal y del sistema. Neltume no es otro centro integral, Neltume es una experiencia.