Incluyen dolor facial, hinchazón, hematomas, sangrado nasal, dificultad para respirar, ver o tragar, deformidad facial y pérdida de dientes.
El trauma facial puede ser causado por accidentes automovilísticos, caídas, lesiones deportivas, agresiones físicas y accidentes laborales.
Se realiza mediante examen físico, radiografías, tomografías computarizadas (TC) y a veces resonancias magnéticas (RM) para evaluar fracturas y daños en los tejidos blandos.
Varía según la gravedad de la lesión e incluye medidas como el reposo, analgésicos, cirugía reconstructiva, reparación de fracturas y tratamiento de lesiones oculares o dentales. El tratamiento también puede requerir la intervención de varios especialistas: cirujanos maxilofaciales, oftalmólogos y dentistas.