Colección destacada
1.- Azulejo mayólica.
Azulejo del siglo XV procedente de A Coruña con motivos relacionados con la peregrinación a Compostela, destacando el sombrero de peregrino decorado con conchas de vieiras.
Esta pequeña cantimplora de cerámica enchinada, datada en el siglo XVI, apareció en las excavaciones arqueológicas realizadas durante las obras de construcción del Hotel Restaurante Atrio en 2008.
3.- Tarro de botica.
Bote típico de farmacia elaborado en loza esmaltada en blanco y azul. Tiene forma de tubo estrechado por el centro para favorecer su agarre. Se emplearon desde muy antiguo en farmacia para contener medicinas, pero también fueron utilizados como especieros y/o para conservar alimentos.
Estos pequeños azulejos cuadrados eran usados como decoración para suelos y zócalos combinados con baldosas rectangulares, tradicionalmente rojas sin esmaltar. Nuestra pieza, decorada con un perro, estuvo colocada en el pavimento de la sala destinada a comedor de los monjes del monasterio de San Jerónimo de Cuacos de Yuste.
5.- Alizar.
Se trata de un azulejo rectangular vidriado por dos caras que estaba destinado a cubrir alféizares, ángulos de escalones o bordes de zócalos y frontales de altar.
Presenta decoración mudéjar de capullo con hojas movidas en melado, azul y verde. Sobre el esmalte, se observan marcas del atifle, utensilio usado por los alfareros para evitar que las piezas al cocerse se peguen unas con otras.
Los alfares de Talavera de la Reina fabricaban platos, bandejas, cuencos y otros objetos con una característica decoración azul oscuro sobre fondo blanco pintadas con diferentes motivos vegetales y animales. Según estos motivos se les atribuye una denominación, por ejemplo, serie de las golondrinas, serie heráldica, serie de los helechos...
8.- Jarro vinatero.
Dos leones rampantes sostienen un escudo en el que puede leerse la frase “BIBA I BEBA”, toscamente escrita y llena de faltas de ortografía pero muy acorde con la finalidad del recipiente.
Seguramente, cuando la calle de la Zapatería Vieja de Cáceres cambió su nombre por el de Gabriel y Galán, la placa fue retirada y depositada en el Museo, lo que la salvó de la destrucción.
La ermita de San Antonio estuvo situada en la calle cacereña del mismo nombre desde al menos finales del siglo XV hasta 1890, cuando fue derribada con motivo de las obras de ensanche. Este azulejo estaba colocado sobre la puerta de la ermita y fue fabricado en 1803, como indica la leyenda.