A continuación, se presenta algunas obras orquestales peruanas del periodo 1945 a 2020, seleccionadas por la importancia de sus autores, por tratarse de obras representativas del período o por haber tenido una recepción significativa. También puede tratarse de obras que ejemplifican algún estilo o técnica particular.
Breves análisis de algunas de estas obras se encuentran en mi tesis doctoral La música orquestal peruana 1945-2005. Identidades en la diversidad (Universidad de Helsinki, 2009). No todos los ejemplos de la tesis existen en grabaciones todavía.
Rodolfo Holzmann (Breslau, Alemania 1910 - Lima, Perú 1992): Concierto para la ciudad blanca (1949)
Dedicada a la ciudad de Arequipa, es una de las pocas grabaciones disponibles de las obras orquestales de Holzmann. Incorpora melodías o formas locales como el Triste del segundo movimiento y la danza del tercero. La armonización y la orquestación son neoclásicas y demuestran su dominio de la escritura para orquesta y del contrapunto.
Enrique Iturriaga (Lima, 1918 - 2019): Canción y muerte de Rolando (1947)
La obra, una de las más importantes de su autor, fue un éxito en su época de estreno y es una de las principales obras orquestales peruanas de su época. Es además representativa de la importancia que tienen la poesía y el canto en la producción musical de Iturriaga, quien ha puesto en música varios textos de poetas peruanos contemporáneos. El texto de la Canción y muerte de Rolando es del poeta modernista y artista plástico Jorge Eielson (Lima, 1924– Milán, 2006),
Armando Guevara Ochoa (Cusco, 1926 - 2013): Danza criolla (1951)
Esta danza para orquesta de cuerdas ha conservado un lugar en el repertorio orquestal peruano por su carácter alegre, su melodía contagiosa y su rítmica sincopada. El tratamiento métrico y rítmico son centrales en esta obra. La métrica cambia constantemente, alternando de manera irregular compases de 5/4, ¾, 4/4, 2/4 y 6/4. Esta irregularidad es un recurso que Guevara Ochoa toma de la música popular.
Leopoldo La Rosa (1931 - 2012): Andes 1969
En la partitura se ven los nuevos recursos que utilizaba La Rosa en esta obra: duración medida por segundos, aleatórica controlada, notación gráfica, improvisación con ciertas alturas o libre.
Francisco Pulgar Vidal (1929-2012): Chullpas (1969)
Esta obra consta de cinco estructuras sinfónicas de forma libre que se tocan sin interrupción, en esto difiere de la sinfonía tradicional. El nombre de la obra refiere a las construcciones funerarias en forma de torre de planta cuadrada o redonda del Perú prehistórico.
César Bolaños: Ñancahuasu (A los que mueren luchando por sus ideales) con texto del diario del Che Guevara, para 21 instrumentos y recitador con amplificación electrónica e iluminación (1970).
Enrique Iturriaga (1918-2019): Vivencias (1965)
Esta obra es una de las pocas que utiliza la técnica dodecafónica en la producción de Iturriaga y en general en las obras orquestales peruanas.
Celso Garrido Lecca (1926): El movimiento y el sueño (1984)
José Carlos Campos (1957): Danza festiva (1982)