Sin querer queriendo
Pese a que el diseño está implícito en casi todo lo que vemos desde que abrimos los ojos, nunca pensé consagrar años de vida a las gráficas de comunicación publicitaria.
Pese a que el diseño está implícito en casi todo lo que vemos desde que abrimos los ojos, nunca pensé consagrar años de vida a las gráficas de comunicación publicitaria.
Me dediqué al diseño por varios años y aunque haberme graduado de periodista no lo explica, sí quizá que la malla curricular, como la de todos los comunicadores, exige aprender softwares de diseño gráfico, lo cual desde un inicio me resultó interesante, considerando que tenía como pasatiempo dibujar. Bueno... este es mi intento de explicar como llegué al diseño gráfico.
Recuerdo que en casa renegaban porque había decidido estudiar Periodismo y vaticinaron el fracaso de la carrera sin siquiera haberla iniciado. Eso fue frustrante, pero pudo más la ilusión que tenía de escribir, podría llamarla hasta bendita obstinación. ¿Mi objetivo?, escribir en un diario, una revista o un semanario; al menos eso pensaba.
Ya en la carrera, conocí entonces el Corel Draw, el Photoshop y el Page Maker, todos softwares de diseño gráfico que han evolucionado con el paso del tiempo y se han perfeccionado en nuevos paquetes como el Illustrator y el Indesing, herramientas gráficas que todo buen comunicador debiera manejar, por lo menos a nivel básico. Si bien la idea no es que se dediquen a diseñar, conocerlos les da autoridad para negociar un producto comunicacional de calidad con las numerosas agencias de publicidad hoy existentes.
Personalmente terminé encantada con estos softwares y pasaba varias horas en casa alterando fotografías personales e intentando dibujar aquello que soñabav— quizá suene absurdo pero lo hacía— ; y finalmente fue así como alcancé gran dominio de todos estos programas. Como dice el dicho popular: “echando a perder se aprende”; hice muchos clics donde no debía y así fui ganando destreza en muchas aplicaciones.
Pero como suele pasar con una carrera tan multidimensional como el Periodismo (o hablando en términos actuales, las Ciencias de la Comunicación), había quienes no hallaban motivación en explorar estos programas de diseño. Cada quien tenía su propia manera de proyectar sus sueños de jóvenes aspirantes a profesionales: unos se veían narrando o cubriendo noticias, otros produciendo notas para televisión o tomando fotografías y algunos pocos escribiendo; visiones e ilusiones, quizá idealistas o geniales; pero razonables considerando nuestra frágil experiencia laboral.
Sin embargo, en la medida que avanza la carrera, nos enteramos de la gran variedad de oportunidades que tenemos los comunicadores; muchos recién nos percatamos que toda empresa tiene un área u oficina de comunicaciones, prensa o imagen, y la que no la tiene está como oculta, mucho más en esta época donde las redes sociales y los medios de comunicación son la plataforma de presentación e interacción de las empresas con sus clientes.
Y llega el día, resultamos un(a) comunicador(a) y con una especialidad; y aquí es donde enfrentamos las mentadas convocatorias y entrevistas y nos topamos cara a cara con la competencia. El comunicador está entrenado para tratar mensajes; su reto, saber cómo ordenar y presentar los contenidos. No solo es qué decir, sino cómo decirlo y qué usar para ello, ya sea gráfico o audiovisual; aquí el diseño gráfico es inevitable, están íntima e inevitablemente relacionados.
Con esta profesión pude conocer varias empresas y a todas llegaba para escribir; pero en una sucedió la inopinada mutación de mi perfil profesional. Llegué al área de Imagen Institucional para, en teoría, alimentar de información su plataforma virtual que no terminaba de concretarse; pese a ello, firmamos contrato, y la espera se inició. El ambicionado espacio virtual se tardaba más de lo esperado.
A casi un mes de espera requieren con urgencia que se cambien algunos detalles de una propuesta gráfica que estaba en PDF, un formato estándar para la distribución de documentos compatible con (casi) todos los softwares de diseño de Adobe. El diseñador que contrataban de forma externa estaba inubicable, así que preguntaron si alguien podía hacerlo. Aquí es donde mi rumbo profesional inició su transformación; pues lógicamente me ofrecí.
El cambio resultó muy sencillo, puesto que en casa practicaba constantemente esta clase de acciones y, coincidentemente, el ordenador que me asignaron tenía instalado Corel Draw y Photoshop. El encargado del área, de entonces, se sorprendió de la rapidez y facilidad con la que aplicaba los cambios que necesitaba. Finalmente, la propuesta gráfica quedó como esperaba.
Punto aparte, algo curioso es que en todas las empresas donde me admitieron, siempre dejaba una marca gráfica personal; por allí una plantilla de informes, carátulas, un encabezado, logotipo o retocado de fotografía, y en todos los casos no me lo solicitaban, sino que andaba, como diría mi madre, “de entrometida”, y si quiero que suene bonito y acorde a las tendencias actuales del mercado laboral, pues podría decir que “era proactiva”.
Con esto, los casos de “urgencia” se hicieron costumbre y a diario requerían de apoyo gráfico, y la verdad me resultaba entretenido hacerlo; pero la empresa era grande y empezaban a llegar requerimientos formales para propuestas de más envergadura. Entonces me detuve a reflexionar y, honestamente, sentí miedo de comenzar a transformarme en algo que legítimamente no era; pues no era diseñadora. Por lo menos hasta ese momento no me la creía: “¿Diseñadora? ¡Pero si soy Periodista! No tardaría mucho en comprender que diseñar es una de las formas más efectivas y perdurables de comunicar. Sino, no existiría esa frase tan maravillosamente precisa: “Una imagen vale más que mil palabras”.
En un acto de mea culpa, presenté mi autoanálisis a mis superiores, pero grande fue mi sorpresa cuando me indicaron que me enviarían a estudiar cursos de Illustrator, Flash e Indesing para perfeccionarme, dejando clara sus pretensiones de que continúe diseñando y sus expectativas de que, con lo aprendido, podría ayudar a la empresa a alinearse y, por fin, hallar su camino hacia una imagen corporativa uniforme.
La supervisora de marketing de entonces, actualmente una coach ontológica, consideró que las propuestas gráficas que concebía tenían una mirada comunicacional integral, que no solo era agradable visualmente, sino que los contenidos tenían el orden comunicacional adecuado; y atribuyó ello a que, a diferencia de la mayoría de diseñadores gráficos disponibles en el mercado laboral, yo poseía un plus gracias a mi formación académica como periodista. Después de ese respaldo, mis dudas se despejaron y empecé con los cursos de diseño gráfico; me ganó el corazón, que es donde dicen está la profesión.
Aunque jamás tuve en mente dedicarme a diseñar, era una exigencia curricular saberlo; y lo aprendí, lo apliqué y aproveché. A partir de este suceso de “urgencia”, mis días se desarrollan entre colores, imágenes y frases creativas; soy muy exigente con cada propuesta gráfica, sea mía o de otra fuente. ¿Comunica?, ¿qué comunica?, ¿hay jerarquía visual?, ¿qué nivel de cosntraste tiene?, ...
Lo admito. Los colores reemplazaron a las letras; mis frases se volvieron “contornos”, “curvas” como decimos los diseñadores; y a mi lenguaje laboral cotidiano se han incorporado innumerables terminologías, conceptos y expresiones que solo entendemos quienes nos dedicamos a crear y alterar imágenes, a traducir en gráficas tangibles una idea gaseosa, mía o de otras personas. Ya no escribo poemas, pero hay poesía en cada matiz, en cada línea y cada sombra.
Dejo aquí mi espejo para los futuros comunicadores y periodistas. Vayan directo a sus sueños, pero aprovechando al máximo cada cosa que les ofrece la carrera, porque algo es seguro, no se sabe cuándo un pequeño gran detalle resulta esa oportunidad donde brillará nuestro talento, y es cuando entonces nos sentiremos profesionales capaces, diferentes, admirables. ¡Adelante, no pierdan de vista tus oprotunidades!