Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco del todo a Vos, y en prueba de mi filial afecto, os consagro en este día: mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame, defiéndeme y utilízame como instrumento y posesión tuya.
Amén.
Cuando llevo conmigo,
lo que soporto,
lo que hablo y lo que arriesgo,
lo que pienso y lo que amo,
los méritos que obtengo,
lo que voy guiando y conquistando,
lo que me hace sufrir,
lo que me alegra,
cuanto soy y cuando tengo
te lo entrego como un regalo de amor a la fuente santa de gracias,
que desde el Santuario brota cristalina para penetrar el alma de quienes
a Shoenstatt han dado su corazón,
y encaminar bondadosamente hasta allí a los que,
por misericordia,
tú quieras escoger;
y para que fructifiquen las obras que consagramos a la Santísima Trinidad.
En tu vida, Madre, vemos fluir
el ardor de la fe, de la esperanza y la caridad. Haz que el resplandor de esta triple estrella penetre la noche oscura de nuestra vida. Con tu Hijo implora al Padre que solo Dios reine en el trono de nuestro corazón.
Confianza
En tu poder y en tu bondad fundo mi vida; en ellos espero confiando como niño. Madre Admirable, en ti y en tu Hijo, en toda circunstancia, creo y confío ciegamente.
Amén.
Gracias por todo, Madre
todo te lo agradezco de corazón, y quiero atarme a ti con un amor entrañable. ¡Qué hubiese sido de nosotros, sin ti, sin tu cuidado maternal! Gracias porque nos salvaste en grandes necesidades; gracias porque con amor fiel nos encadenaste a ti. Quiero ofrecerte eterna gratitud y consagrarme a ti con indiviso amor.
Amén.