En esta sección encontrarás comentarios, análisis y recomendaciones del séptimo arte.
ÍNDICE
De pronto la persona amada actúa de manera extraña, incomprensible y pensamos «¿Qué pasa?». O sucede que viendo el noticiario internacional sentimos una profunda desazón por el talante negativo de la mayoría de las noticias.
Es en esos momentos en los que la película Guerra mundial Z, puede proveernos de ideas importantes para enriquecer el discernimiento y la Misión cristiana.
Para ello, dividiremos el presente artículo en tres partes: comentarios sobre la película, ideas principales y aplicaciones a la Misiología.
1. Luces y sombras
La producción de Marc Forster resultó un gran éxito de taquilla y se convirtió en un referente obligado para analizar la evolución del fenómeno zombie en el cine.
La película tiene momentos brillantes, como la escena del edificio, en la que la familia cuenta para iluminarse con una luz de Bengala. Precisamente el aspecto rojo intenso y la oscuridad absoluta del ambiente generan en el espectador sensaciones encontradas.
El hilo argumental se desarrolla nítidamente en dos momentos, primero en las distintas visiones de Gerry Lane (Brad Pitt) respecto a los ataques zombie y segundo en la interpretación que le da a la explicación del virólogo. Uniendo ambos cabos llegamos al desenlace en el Centro médico de Escocia.
El director ha querido crear una película equilibrada, es decir que no sea del género de terror (por lo cual se dispusieron escenas claramente tiernas, con la familia como centro) ni un drama familiar (por ello conforme avanza el filme, la atención se centra en Gerry). Un equilibrio para llegar a todos los gustos y edades.
Quizás la abundancia de viajes (EEUU a Korea, Korea a Israel, Israel a Escocia) y la exagerada inmunidad (al estilo Rambo) de Gerry ante los peligros múltiples por los que todos pasaban le quita cierto realismo al filme y por tanto calidad.
El círculo argumental abierto con la familia al inicio de la película es cerrado magistralmente al final, en el reencuentro en Escocia.
Estas consideraciones hacen de la película una buena obra de arte.
Sin embargo, nos interesa analizar más que la película (porque de ello trata la buena crítica del cine). Importa desmenuzar algunas ideas interesantes que puedan servir de acicate a la reflexión misiológica.
2. El dulce aroma de la muerte
Es interesante constatar la evolución del fenómeno zombie en el cine. Primero, en la gran La noche de los muertos vivientes, los zombies son lentos y torpes, y su aspecto es el de los muertos sin mucha antigüedad. Pero conforme avanza el tiempo los zombies cobran habilidades como la velocidad, la detección de sonidos, el discernimiento de las incapacidades inhabilitantes en los humanos, etc. Algo de ello puede verse en The walking dead. Esto sin duda responde a los cambios sociales ocurridos en Occidente en las últimas décadas.
Rescatamos algunas ideas:
a) el zombie es un ser humano transmutado en su esencia y fenotipia, aunque con algunos resabios fisiológicos (como oír, correr, morder, mirar). La antropología básica se vuelve dual, mejor, antitética o dicotómica.
b) la discapacidad etaria u homeostásica se constituye en condición excluyente del circuito de la realidad.
c) los zombies están significativamente correlacionados con el caos social a gran escala.
d) el autosacrificio sigue siendo la vía privilegiada de liberación.
e) nadie puede resolver los problemas que aqueja a la humanidad, a las sociedades, las familias o al individuo. Ni las instituciones sociales, ni los organismos multilaterales, ni los ejércitos por más poderosos que estos sean, ni (cosa curiosa) la religión, sólo (y únicamente) el individuo. Esto sin duda es el reflejo natural de la ideología americana: el individualismo.
3. Misión y liberación
Ahora toca desarrollar las ideas anteriormente planteadas pero desde la óptica de la misiología (o la eclesiología, según corresponda).
a) es posible ensayar una descripción del nuevo escenario utilizando dos categorías: el otro-alter y el otro-hostil. El primero representa al ser humano sano y el segundo al zombie.
Ahora, apliquemos estas categorías a la realidad inmediata teniendo siempre presente el imaginario zombie en mente.
El zombie ataca, siempre, al humano, por ello es hostil. El zombie deja de ver al humano como un otro y lo convierte en cosa. Esta cosificación, aunque fundamentalmente alimentaria, es la clave para entender la lógica relacional de ambos grupos. Mientras el primero ataca, el segundo debe escapar, mientras el primero cosifica, el otro debe huir (o luchar).
Esta lucha se expresa de manera palpable en la política, cuando los de izquierda atacan a los de derecha, cosificándolos. Sucede cuando los de derecha etiquetan (y anulan) a los de izquierda llamándoles caviar, terroristas, etc. Sucede cuando la denominación evangélica X enuncia que sólo ellos contienen el verdadero Evangelio (nunca verbalmente, casi siempre gestualmente). Sucede cuando un país, una ciudad, un colectivo, discrimina a otros por diferencias culturales, (wankas a jaujinos, tarmeños a wankas, costeños a serranos, serranos a selváticos, etc.).
Sucede, a nivel micro, cuando yo miro al otro como cosa (como servicio puro, como recurso, como costo, como carga, como bien, como estorbo o peldaño, como engranaje, como súbdito).
Sin embargo, lo contrario también es cierto. A veces uno es sujeto de cosificación, de repudio, de discriminación o extrañamiento. Y ante ello sólo queda luchar (no huir) para el reconocimiento de nuestra otredad (no ya de nuestros derechos, porque estamos, en palabras de Jaspers, en una situación límite).
b) la metáfora zombie nos muestra el mecanismo de la exclusión. Y esto quizás sea peor que la cosificación, puesto que estar en la lid, sea como humano o como zombie, es algo. Pero salir de la lucha (y no por voluntad propia, sino por designio del poderoso, es decir del zombie) es terminar en la comunión de los residuos. Habitar con la basura y lentamente transmutarnos a su imagen y semejanza.
Los requisitos para tal exclusión son básicos. Ser viejo y estar enfermo. Esta es la nueva categorización realizada por el Mercado y ejecutada sacerdotalmente por los ejecutivos (sea cual sea su nivel o ubicación social) del mundo laboral.
El ejemplo más fácil es el fútbol. En términos generales, tener más de 30 años es incapacitante para continuar en el circuito deportivo.
Ahora bien, la exclusión por enfermedad es más sutil y difícil de distinguir. Ahora bien, alguien podría objetar, «yo tengo gripe y nadie me excluye en mi trabajo» o «yo tengo afta y no por ello me discriminan». En efecto, las enfermedades no generan una exclusión común, sino una incapacidad laboral (aunque breve). Es decir, utilizando los análisis de B. Ch. Han, las enfermedades merman nuestro rendimiento laboral, y por ende nos colocan en una posición secundaria.
c) el caos social es producido por los zombies. Y es el caos el factor clave para incrementar el número de zombies. Esta es una dinámica de locura, similar a la espiral de violencia, descrita por Girard en su teoría mimética.
Entonces, la abundancia de películas y series de zombies, ¿No refleja el profundo caos por el que atraviesan las sociedades actuales?
d) un factor interesante es el papel que juega el autosacrificio. Sin el, no habría solución alguna. Sin poner la vida por el otro no habrá salida. Y a ello Jesús lo define como amor.
e) sin perjuicio de lo anterior, cuando el autosacrificio es la única vía de solución y está excluye el papel de la comunidad, deviene en individualismo ramplón. Esto se torna peligroso cuando el individualismo se convierte en un valor emulable, pues estamos frente a la fertilización de las condiciones destructivas de la comunidad. La erosión de las columnas que sostienen la Comunión, y por ende la humanidad, se encuentran nutridas y robustas.
Queda, por tanto, descubrir las vías de liberación, para distintas condiciones. Si somos humanos, hemos de prevenir que otros se vuelvan zombies y cuidar a los otros de ser atacados.
Si somos zombies (ya dejando a un lado la metáfora) hemos de convertirnos de nuestra condición hostil.
Al final, entendemos que «Cada ser humano que salvamos es un zombie menos que combatir».
Título original: World War Z
Dirección: Marc Forster
País: Estados Unidos, Malta
Año: 2013
Duración: 116 min.
27 de julio de 2018