Partidas
Juan Narowé
Alzueta Galería
Como aquél que sobre la última colina
-que le muestra todo el valle una vez más-
se vuelve, se detiene y se demora...-
así vivimos, siempre en despedida.
Octavia Elegia.
Rainer Maria Rilke
Algo se expresa cuando reconocemos bajo lo que se ve aquello que movió la materia. La expresión es lo primero que se percibe, va por delante de la materia. Ex – presión, es lo que sale bajo presión, cuando algo aprieta desde dentro. La expresión pictórica es la forma visible de un sentimiento o estado que el espectador reconoce cuando mira un cuadro. Algo interno se revela y sale. En las obras de Narowé encontramos que la expresión precede a la materia, es lo que se percibe primero y se manifiesta cuando algo presiona desde el interior. Se asemeja a un desahogo que emerge bajo presión, liberando lo que estaba contenido internamente.
En la serie Partidas, Juan Narowe (São Paulo, 1993) despliega una serie de dibujos y pinturas de diferentes formatos, en las que el artista constituye lo que podemos denominar una poética de la partida; a través de imágenes arquetípicas que evocan la despedida: el abrazo, la mano en alto diciendo adiós, el caminante que se aleja y deja a lo lejos el paisaje. En estas obras encontramos lo que Matisse denominaría “estado de condensación de sentimiento”, mediante la esquematización y la simplificación de las figuras consigue llegar al sentimiento mismo que se expresa en la partida. Bergson, en Materia y memoria, sostiene que el presente no es sino "la síntesis actual de todos nuestros estados pasados" o, lo que viene a ser lo mismo, que el pasado existe de "forma condensada" en nuestro presente, pero para ello se hace necesario que el recuerdo se encarne una imagen. Así, en esta poética del partir que nos propone Narowe son las emociones las que se encarnan en una imagen- cómo expresión pura del sentimiento.
Partir evoca inevitablemente el reconocimiento del surgir inminente de la distancia, como aquel caminante frente a un mar de nubes de Friedrich que una vez más, y siempre otra vez, y otra, le muestra todo el valle y se detiene. Este sentimiento se materializa en las obras de pensadores que aparecen en un estado de calmada melancolía, mirando el cielo que se despliega ante ellos, o tomando un vaso de vino bajo la luz de la luna llena. Es una melancolía en calma que, desde una perspectiva rilkiana, podría considerarse cómo un aceptar la temporalidad y lo efímero de la existencia. El partir entendido aquí, cómo camino irrevocable para proseguir con nuestra marcha. De esta manera, Narowé, nos confronta aquí con la dualidad que evoca la partida: la añoranza por la pérdida y el impulso de seguir adelante.
Aceptar el partir cómo una condición de nuestra temporalidad y nuestro carácter transeúnte. Cómo decía Borges: "La ola es la que rompe e irrumpe en el presente, pero también es la que llega y se retira". Así como cada amanecer se vuelve atardecer, cada ola regresa al mar. Partimos siempre con el ímpetu de volver a algún lugar.
En la serie de obras que presentamos aquí, esta idea se refleja a través de la figura del viajero – peregrino – nómada. Caminantes inmersos en una continua partida, siempre abiertos a la posibilidad que está por llegar. Estas figuras poseen un carácter inacabado, pero es precisamente en su inacabamiento donde se constituye su ser. Este aspecto alcanza su máxima expresión en las obras donde la forma se desdibuja hasta tal punto de diluir la figura. Aquí lo inexplicable y lo incierto alcanza su máxima expresión. Así en esta poética del partir – donde lo heterogéneo y el carácter diverso de las obras hace difícil llegar a conclusiones muy certeras - hay una idea que se despliega ante nosotros y que podría convertirse en un detonante de todo su trabajo: abrazar el partir, es abrazar la incertidumbre y lo incierto, cómo modo de ser y estar en el mundo.
Por qué, (y ahora soy yo la que me despido, volviendo al principio con los versos de Rainer M. Rilke):
“Así vivimos, siempre en despedida”
María García Marqués