Levantamientos
Galería La Ventana
Tha House
Emma Adler, Eloy Arribas, Chavis Mármol, Irving Ramos, Grip Face, Jan Vallverdú, Jorge Morocho, Marcus Nelson, Maria Alcaide.
------------
Empiezo a escribir este texto en las notas de mi móvil durante la Semana del Arte en Madrid, una semana que nos deja a todos agotados y saturados de ferias, eventos, aperturas y propuestas que parecen multiplicarse a cada paso. La conversación recurrente, esa que se repite entre los pasillos de las ferias entre risas cansadas y miradas atónitas, es: "Madre mía, qué locura todo esto". Sin embargo, seguimos corriendo de un stand a otro, de una feria a otra y yendo a todos los eventos y cenas que nos invitan, aunque no podamos más, nos duelan los pies o apenas nos quede voz, y aún así, siempre con la sensación de FOMO de que nos estamos perdiendo algo.
Mientras recorro los pasillos de ARCO, me asalta la misma pregunta: ¿qué permanecerá de todo esto dentro de unas semanas, cuando la ciudad retome su ritmo habitual o nos encontramos ya en otra inauguración, despidiéndonos apresurados porque llegamos tarde a otro evento? ¿Cómo dejar huella en un contexto cada vez más fugaz, donde la inmediatez parece devorarlo todo?
Esta pregunta me hace pensar en una conversación que tuve hace un tiempo con Eloy Arribas que, en ocasión de su proyecto El Palacio, me decía: “Esta serie puede continuar sin mí”. Hablamos de esa necesidad de trascendencia que pese a la aparente imposibilidad del presente algunos artistas siguen intentando alcanzar. Un impulso similar que llevó a los primeros hombres primitivos a marcar las paredes de una cueva, un gesto que podríamos entender no sólo como un acto de representación, sino también como una forma de afirmar su presencia y apropiarse del entorno.
Ante la aparente imposibilidad de dejar rastro en el contexto actual - donde imágenes, objetos y gestos se ven absorbidos por un flujo incesante de información, transformación y sobreproducción - algunos artistas redirigen ese impulso hacia nuevas estrategias. No se trata de oponer lo transitorio a lo permanente, sino de generar conexiones, integrarse en una red de relatos que permitan seguir dialogando y resignificandose con el tiempo.
Eloy Arribas, en su obra El estanque que presenta en esta exposición nos enfrenta a esta paradoja. Las huellas se acumulan y las capas se superponen en un palimpsesto en constante evolución. En lugar de preservar formas, como sucedía en su anterior proyecto, en esta nueva serie sus dibujos se borran progresivamente, hasta que acaban por desaparecer, evocando una memoria que se olvida.
Grip Face traslada esta exploración al ámbito digital, donde la identidad se descompone y configura sin cesar. Su obra examina la intersección entre la máscara física y virtual, revelando cómo el avatar opera como un refugio ante la ansiedad contemporánea. A través de gestos oníricos y elementos esquemáticos, sus piezas reflejan la fragilidad de la huella en un mundo donde la imagen nunca se fija, sino que se diluye en un flujo inagotable de datos.
Cercana a esta reflexión se sitúa también la instalación de Emma Adler cuestionando la estabilidad de la imagen en un contexto donde la información se fragmenta y se reconstruye sin cesar. Así, las superficies que parecen firmes y sólidas se convierten en puntos de fuga, en territorios inestables donde la frontera entre lo físico y lo digital se difumina.
Por otro lado, en las obras Abrigos para cuerpos sin forma de María Alcaide y Afloat de Daniel Hoëlz el gesto artístico se orienta hacia la resignificación de la materia. A través de intervenciones que extraen objetos cotidianos de su contexto habitual y los reinsertan en nuevas relaciones, se exponen los complejos ciclos de uso, transformación y obsolescencia del mundo contemporáneo. Aquí, la permanencia se redefine no en términos de durabilidad, sino en la capacidad de un objeto para mutar y generar nuevas resonancias.
En esta misma línea, el díptico Magic de Jorge Morocho explora la resignificación visual y material a través de la fusión de un boceto de una ilustración de My Little Pony enmarcada con la palabra “mágica”, hecha con stencils de bolsas de papel de una cadena de supermercados. De este modo, Morocho reflexiona sobre la memoria generacional, la transformación del objeto y la fugacidad de las tendencias visuales y de consumo, estableciendo un diálogo entre lo efímero y lo simbólicamente perdurable.
Las pinturas de Jan Vallverdú y Marcus Nelson exploran la tensión entre lo primitivo y lo fugaz. Nelson aborda los deseos instintivos y su potencial para desbordarse en estallidos incontrolables; su uso de la boca como símbolo del impulso primario—reír, morder, gritar, besar—se refuerza en pinceladas violentas y gestuales que oscilan entre el orden y el caos. En cambio, Vallverdú trabaja desde lo informe donde el cuerpo se desborda y pierde sus límites, sumergido en un exceso que subvierte la representación. Mientras que en Nelson la imagen lucha por contenerse dentro del lienzo, en Vallverdú se derrama y se diluye, abrazando la inestabilidad de la forma.
Lo informe y el desbordamiento de las formas, lo encontramos también en la obra The Viewer donde Irving Ramó trabaja el enfrentamiento como un gesto reiterativo que vincula batallas heroicas del pasado con la transformación del cuerpo en el presente, mostrando que la permanencia se manifiesta en la repetición y actualización visual a lo largo del tiempo. Su obra explora cómo estas luchas se actualizan visualmente y se perpetúan en el tiempo, reflejando la continua presencia de la violencia y el sufrimiento en la experiencia humana
Por último, la instalación Emerging from the Wall de Chavis Mármol presenta una serie de formas que parecen emerger de la pared, evocando la tensión entre la fragilidad y la resistencia del mundo natural. Nos recuerda que la impermanencia, lejos de conducir a la desaparición, deja una huella en nuestra percepción y memoria, una huella que trasciende el instante efímero de su aparición.
A través de estos diversos enfoques, Levantamientos propone un espacio en el que el gesto se manifiesta como una posibilidad de reescritura y transformación. Las obras aquí reunidas no responden a una imagen fija, sino que operan como umbrales de tránsito, donde cada huella, cada trazo, cada objeto y cada ausencia abren nuevas posibilidades de significación. En este sentido, la exposición no sólo explora la tensión entre lo efímero y lo permanente, sino que también interroga la capacidad del arte para inscribirse en su tiempo, integrarse en un tejido de relatos y resistir la inmediatez del presente.