The Symphony, The Prophecy, The Premonition...
Una de las primeras obras orquestales.
La intención fue crear una pieza para orquesta, donde la mayor presencia de los armónicos se encuentra en las cuerdas más profundas: bajos, chelos, violas, violines... Un coro que trasmite un logro, la resurrección, un milagro, una batalla ganada o la aparición del héroe, un ser mágico, lo que uno más desea, o anhela. Una composición que resuelve un final, una escena o un gran momento.
Lo conseguimos a través de elementos dramáticos como las tensiones entre instrumentos, una armonía sencilla, pero una plantilla grande y difícil de orquestar, donde las voces protagonizan la mayor parte de la fuerza armónica.
Además, de algún sonido de sintetizador que reproduce una especie de chispas metálicas, un sonido parecido entre una cortinilla y un metalófono, otorgándole un ambiente místico, mágico, aunque moderno al no ser un instrumento tradicional.
Es solo un movimiento de lo que sería una gran banda sonora.
Un momento de reflexión sobre quién quería ser y qué quería hacer... Su composición fue inspirada en un amor platónico, místico, onírico, casi irreal, aunque parecía llegar a ser posible.