La magia es el núcleo de las películas de fantasía.
Harry Potter y El Prisionero de Azkaban es otro ejemplo de la producción musical para bandas sonoras.
Esta vez no se trata de la emoción, sino del ambiente misterioso y mágico de este mundo.
La fantasía a través de elementos sonoros cuidadosamente seleccionados añaden profundidad y carácter a cada escena, logrando intensificar la narrativa y conectar emocionalmente con la audiencia. Ya sea mediante el uso de texturas ambientales, motivos melódicos o efectos sutiles, estos no siempre reproducidos con instrumentos de orquesta, transforman cada instante en una experiencia inmersiva que enriquece y potencia el mensaje visual.
Por resultado obtenemos la construcción sonora en base a un tipo de personaje, el elemento en el que nos basamos y del que captamos la esencia, como pueden ser los magos o el gira-tiempo de Hermione.