En la literarura, románticamente, se ha otorgado a la mujer del pescador un papel básicamente pasivo: una mujer que, sola o con criaturas y cara al mar, contempla el futuro de su familia sin poder hacer otra cosa que esperar y sufrir en silencio.
Aunque nunca ha sido sólo eso, el peso de la tradición era y todavía es muy importante. La pesca tiende a considerarse como una actividad donde las mujeres no son bienvenidas. Recordemos la creencia o superstición que viene de mucho tiempo atrás, y todavía está vigente de alguna manera, que dice que la presencia de una mujer a bordo traía mala suerte o mala pesca o, en fin, nada bueno.
Aunque la gente que vive o tiene más relación la nombra en femenino, LA MAR. Quizás sea por la capacidad de las mujeres de generar vida, o pensando en su misterio, o bravura... El mar era visto como una ocupación de hombres, un medio de vida peligroso, para el que se necesitaban valores viriles, fuerza física, violencia… Y las mujeres aparentemente tendrían carencias en ese sentido. Esta visión hace que también se las aparte de los trabajos “de mar” para mantenerlas lejos del peligro, para protegerlas. Se quedan "en tierra".
Son antiguos prejuicios que servían para calificar los trabajos como masculinos o femeninos, calificaciones y estereotipos que deberían ser ya prácticamente obsoletos.