El pasado 11 de junio, las paredes del pasillo del primer piso del Museo de Arte Moderno Juan Astorga Anta (MAMJAA) abrieron espacio a una propuesta que invita a pausar el ritmo y reflexionar sobre la memoria y los ciclos de la vida. Se trata de Tránsito del Alma, la más reciente muestra de la artista Isabella González, compuesta por tres piezas de dibujo en gran formato que dialogan directamente con la arquitectura del museo y la mirada del espectador.
En este trabajo, González toma la figura de la mariposa no como un simple elemento decorativo o naturalista, sino como un símbolo cargado de movimiento y espiritualidad para abordar la ausencia y el duelo. Las tres obras de gran escala ocupan el pasillo convirtiéndolo en un espacio de tránsito literal y conceptual, donde la fragilidad de los trazos sugiere la ligereza de lo que muta y la permanencia de la memoria.
Para acompañar el recorrido, compartimos el texto de sala que la propia artista escribió para esta exposición:
Esta exposición nace de una vivencia personal que, con el tiempo, encontró en la mariposa una forma de pensar la presencia de quienes ya no están. A partir de ella, las obras construyen un imaginario donde la muerte deja de entenderse como clausura y comienza a percibirse como transformación, desplazamiento y continuidad.
La mariposa aparece aquí como un cuerpo efímero: una materia breve, delicada y pasajera que funciona como umbral entre una existencia y otra. Su ciclo vital se convierte en metáfora de un estado intermedio del alma; un tiempo suspendido donde lo espiritual atraviesa procesos de sanación, desprendimiento y mutación, antes de emprender nuevamente el vuelo hacia una nueva vida.
Las transparencias, los colores, las texturas, la luz y los elementos orgánicos presentes en la muestra no buscan representar únicamente formas naturales, sino manifestaciones sensibles de aquello que escapa a lo tangible: la memoria, la ausencia, el desgaste del tiempo y la persistencia invisible de la esencia. La materia se erosiona, se fragmenta y desaparece, mientras lo espiritual permanece en tránsito constante.
En el Tránsito del Alma, la transformación no es presentada como un instante aislado, sino como una condición perpetua de la existencia. Así como la mariposa nace, migra y muere dentro de un ciclo breve y luminoso, el alma atraviesa distintos estados antes de reencontrarse con otra forma de vida. Entre lo efímero y lo eterno, la obra plantea un espacio de contemplación sobre aquello que desaparece ante los ojos, pero continúa existiendo más allá de la materia.
Isabella González