La crítica gastronómica se disfruta más cuando es negativa, la ofensa es más placentera para el lector y más interesante para el que escribe.
Manuel Tamayo Pratts
El peor exponente de ser humano a la hora de comer es el no sabe, que no sabe. Manuel Tamayo Pratts
El Tamal de Mira
El tamal es el envuelto en hoja de plátano que debe su nombre a la palabra Tamali, que viene del lenguaje Náhuatl de antiguos grupos mexicanos. En Colombia tenemos muchos ejemplos. En algunas poblaciones están los mismos envueltos pero llamados pasteles. ¿Qué tal el pastel de arroz chocoano o el barranquillero? en Santander acostumbran desayunar con el tamal de capón de chivo. Es pequeño, presentado a manera de bollo costeño, lo cortan a la mitad y lo sirven parando cada extremo para que sirva como recipiente. No podemos olvidar mencionar de ninguna manera el tamal tolimense, el maravilloso tamal de piangua del Pacífico, la exquisitez del envueltico aquel, patojo, el de pipián y en algunas partes de Colombia hasta tamal de boa puede usted encontrar.
Hoy vuelvo a los pueblos de Antioquia y no rescato, porque no me gusta esa palabra hacia lo hecho en poyo, pero siempre resalto, la cocina ancestral, artesanal y que llevamos dentro de nuestro corazón y grabado en nuestros genes.
Después de 35 años, Argemira Cano González, una mujer de 1.54 cm, robusta, blanca, de cabello corto y cachetona, continúa con la venta del manjar conocido en la población como el Tamal de Mira. Lo aprendió de la mujer que la crió: Rosa Amelia Cano. Enantes los preparaban en una especie de hotel, que era su casa. Hoy con 65 años de vida y junto a su familia hace 20 diarios, pero en fin de semana duplica la producción. La masa del tamal la prepara con maíz blanco, a la que da color con aliños. Usa pierna de cerdo o en veces costilla y tocino. La clave es la naranja agria en la masa, ajo, cebolla y manteca de cerdo. No le pone papa, pero si hogao que le da el sabor característico, que impregna las papilas y los neuroconductores, es inolvidable. Es casero y pequeño, parece más un entrante, como dice Mira. Cuando lo abra puede encontrar unas líneas verdes que deja la hoja.
Ella lo recomienda para el desayuno con chocolate y una arepa tela de callana que la hacen en el pueblo. El Tamal de Mira, otro tesoro culinario paisa que debemos amar y valorar.
En la misma población y a manera de postre les recomiendo los Dulces de Cande, de los cuales hablaré en otra ocasión.
El camarón paisa
No, no es un molusco con denominación de origen antioqueña, tampoco es una creación culinaria nacida entre nitrógenos y sales Maldon, nada de eso, se trata del propio ingenio local de una familia que vio en la chunchurría, chunchullo o chinchulín, como llaman en tierras argentas, a este bocado que muchos buscan después de las 5 de la tarde para saciar antojos vespertinos. Estoy en Villa Hermosa y son las 9 pm. En el parque juegan niños y una leve garúa se siente en el cabello. En una esquina veo una romería de personas y un vapor lento se levanta entre ellas. Al acercarme observo varios jóvenes con pinzas de cocina en sus manos. Hay muchos glotones sentados alrededor del negocio, departen, ríen y clavan mondadientes en platos donde pinchan y llevan a la boca suculentos cortes de chunchurria, apetitosa, que mojan con limón. El negocio es de una familia desplazada de Granada. Andrés López, uno de los hijos, vino a Medellín con la receta de unas arepas de queso y montó negocio al lado de una venta de chunchurría. En poco tiempo, percibió que las arepas no eran tan rentables y aceptó la propuesta del expendedor de chunchurría: “te vendo mi puesto”. Era un carro destartalado, por lo que Andrés y su familia decidieron vender la última ternera que les quedaba en el pueblo y con la plata del animal, compraron una cocina mejor dotada para vender las vísceras. La misma gente les decía: “deme del camarón paisa” hasta que lo titularon así. Trabajan de 4 pm a 10:30 pm, teléfono: 3108428582.
Corto documental ganador del primer puesto en el Festival de Cine de Titiribí Antioquia.
Del 1 al 3 de noviembre de 2024 se llevó a cabo el primer festival de cine de Titiribí.
Titiribí es una población ubicada en el sureste de Antioquia con una importante historia en la fundación de este departamento.
El festival contó con tres categorías en disputa:
Mejor cortometraje con temática patrimonial
Mejor cortometraje de ficción
Mejor cortometraje documental
Margarita y el capio es un documental realizado en la vereda La Esperanza del municipio de Marinilla con la artesana culinaria Margarita López.
En este trabajo se resalta la labor de la cocinera tradicional, su conocimiento sobre arepa de teja, maíz mote, maíz pelado y la estaca de Santuario, Antioquia, además de su aporte a la vigencia de las tradiciones y se resalta la importancia de la identidad antioqueña a través de los fogones.
Con ese trabajo logramos ser seleccionados como mejor cortometraje documental durante este festival que nace en el suroeste antioqueño y que se vislumbra como un espacio en el que tanto productores locales como foráneos podrán llevar a las pantallas del municipio sus trabajos y de esta manera darlos a conocer y motivar a la juventud para mostrar a través de las cámaras la realidad que los rodea.
Margarita y el capio con una duración de 21 minutos, puede ser visto en el perfil de Facebook de el director del documental, el periodista Lorenzo Villegas. https://fb.watch/vIHLvLiNdO/