Tengo que referirme de nuevo a este lugar ubicado en Maracaibo con Córdoba. Cuando uno regresa a un restaurante y comprueba que los tornillos y las tuercas están mejor ajustados, cuando ves que el trabajo de cocina se complementa de manera ideal con el servicio y que, además, las bebidas y cócteles complementan la comida en los platos, uno siente que hay un trabajo serio en la dirección. No solo esto, también cuando te das cuenta de que la fama no está por encima de ofrecer una cocina bien lograda. Salón Centro está en pleno corazón de Medellín porque hay un público que no quiere o no le interesa ir a comer otro ceviche de chicharrón o un carpaccio limonudo al Poblado ni a Provenza, no tiene carro ni le apetece subir a Llano Grande a pagar un risotto trufado carísimo o una pizza burrata sobrevalorada ni mucho menos tiene interés de colgarse en un “rooftop” de moda para que le claven 3 arepitas con hogao o patacones con guacamole por $35,000. Me pregunto si los “masterchef” de Medellín tienen “criadillas” para abrir propuestas en Junín o La Playa. Yo no pido sitios fastuosos, no exijo enormes inversiones, no sugiero costosas decoraciones, no me imagino sitios que intimiden, solo pienso en pequeños espacios, con un sentido modesto, pero honrado, donde más allá que ir para colgar fotos en Instagram, sea de verdad una experiencia culinaria inolvidable y con precios adecuados. ¿Si tendrán las criadillas?