DOMINGO II DESPUÉS DE NAVIDAD
EL BAUTISMO DEL SEÑOR
MR p. 188 [199] / Lecc. I p. 24. LH III Semana del Salterio.
Del santo Evangelio según san Mateo 3, 13-17
En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: «Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?» Jesús le respondió: «Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere». Entonces Juan accedió a bautizarlo.
Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía, desde el cielo: «Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias».
Palabra del Señor.
Reflexión del día:
Jesús llegó a nuestra vida el día de nuestro bautizo, quizá nuestros padres de familia nos llevaron de pequeños y ellos pidieron el bautismo a Jesús, a través del sacerdote en nuestra iglesia al momento de bautizarnos, por eso es importante conocer y saber lo que implica nuestro bautismo y los papás y padrinos se comprometieron a educarnos en la fe, por eso es necesario cumplir lo que Dios quiere de nosotros en nuestra vida como hijos muy amados de Dios, para que cumpliendo, se nos abran los cielos y el Espíritu de Dios more en nuestro corazón cada día de nuestra vida.
SÁBADO II FERIA TIEMPO DE NAVIDAD
MR p. 1135 [1183] / Lecc. I p. 477
Del santo Evangelio según san Juan 3, 22-30
En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea y permaneció allí con ellos, bautizando. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salim, porque ahí había agua abundante. La gente acudía y se bautizaba, pues Juan no había sido encarcelado todavía.
Surgió entonces una disputa entre algunos de los discípulos de Juan y unos judíos, acerca de la purificación. Los discípulos fueron a decirle a Juan: «Mira, maestro, aquel que estaba contigo en la otra orilla del Jordán y del que tú diste testimonio, está ahora bautizando y todos acuden a él».
Contestó Juan: «Nadie puede apropiarse nada, si no le ha sido dado del cielo. Ustedes mismos son testigos de que yo dije: ‹Yo no soy el Mesías, sino el que ha sido enviado delante de él›. En una boda, el que tiene a la novia es el novio; en cambio, el amigo del novio, que lo acompaña y lo oye hablar, se alegra mucho de oír su voz. Así también yo me lleno ahora de alegría. Es necesario que él crezca y que yo venga a menos”.
Palabra del Señor.
Reflexión del día:
Somos hermanos de Cristo, discípulos y algunos en servicio como apóstoles enviados por el Señor, por nuestro bautismo, y hemos recibido el Espíritu Santo como río de agua viva que nos purifica y nos da vida abundante, pero a veces no entendemos, no vivimos como bautizados, dando testimonio de nuestro compromiso y vida en Cristo, hay quienes ni siquiera vuelven acudir a la iglesia hasta realizar otro sacramento, es importante acudir a Él, nosotros no somos dueños de la gracia, todo nos ha sido dado desde el cielo, desde Dios, y él nos envía a ir delante de Él, con Él y para Él, y es importante hacerlo con alegría, con gozo, para que Él sea el que crezca en mí, en nosotros y que comprendamos que sin Él nada somos.
VIERNES II TIEMPO DESPUÉS DE NAVIDAD
MR p. 185 [195] / Lecc. I p. 475
Del santo Evangelio según san Lucas 5, 12-16
En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: «Señor, si quieres, puedes curarme». Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero. Queda limpio» Y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: «Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio».
Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar.
Palabra del Señor.
Reflexión del día:
Cuán importante es ir a ver a Jesús, llegar a Él, estar frente a Él, y arrodillarnos, postrarnos y hablar con Él, decirle, contarle, pedirle, si quieres, no mi voluntad, sino decirle, hágase como tú quieres, y si quieres puedes curarme, en lo espiritual de modo personal, en lo moral, ante lo social, si es posible, en lo familiar, haciéndolo en familia, con nuestros hijos y padres. Jesús quiere sanarnos, sé agradecido, da gracias, da testimonio de ello, de tu fe, ante el sacerdote, los hermanos en la iglesia y la sociedad y aprende también a orar y mantenerte en comunión con Dios en la intimidad personal y familiar.
SÁBADO I TIEMPO DESPUÉS DE NAVIDAD
SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
MR 662 [676] / Lecc I p. 449
Del santo Evangelio según san Juan 1, 29-34
En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: «Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo he dicho: ‹El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo›. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel».
Entonces Juan dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‹Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo›. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios».
Palabra del Señor.
Reflexión del día:
Cuántas veces hemos estado ante el altar y se nos presenta al Codero de Dios y lo vemos o nos agachamos; cuando se acerca a nosotros al comulgar su Cuerpo y aún en la enfermedad Él viene a nosotros, el verbo encarnado que a veces no lo conocemos o reconocemos y que hasta en condición de pecado exclamamos señor mío y Dios mío, Él que desde siempre ha existido. Hay que dar testimonio de que él, es verdaderamente el Hijo de Dios, alabarlo, bendecirlo, recibirlo en estado de gracia, visitarlo y testimoniar nuestra fe ante Él y ante los hombres para anunciarlo a quien lo rechaza o no le conoce.
VIERNES I TIEMPO DE NAVIDAD
MR p. 661 [675] / Lecc. I p. 446
Del santo Evangelio según san Juan 1, 19-28
Este es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: “¿Quién eres tú?” Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: “Yo no soy el Mesías”. De nuevo le preguntaron: “¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?” Él les respondió: “No lo soy”. «¿Eres el profeta?» Respondió: “No”. Le dijeron: “Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?” Juan les contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta Isaías”.
Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: “Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”.
Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.
Palabra del Señor.
Reflexión del día:
Ante las informaciones, la inteligencia artificial, las ideologías en las redes sociales, surge la duda, las preguntas y saber con certeza la verdad, es necesario, no por palabras, sino por el testimonio; preguntar, es correcto, también reconocer y no negar quién es Dios y quién es el hombre como ser humano; a quién seguir, para tener una respuesta clara y precisa sobre nuestra fe y sobre lo que nos separa de Dios, enderecemos el camino, porque Diós está en medio de nosotros, aprender a conocerlo y aceptarlo, en su palabra, en el hermano, en lo que sucede en nuestro tiempo en la sociedad y en la Iglesia, reconocer los signos de los tiempos.
SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS,
59° JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LA PAZ: «La paz sea con todos vosotros: hacia una paz desarmada y desarmante»
MR p. 170 [185] / Lecc. I p. 444
Del santo Evangelio según san Lucas 2, 16-21
En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa hacia Belén y encontraron a María, a José y al niño, recostado en el pesebre. Después de verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño y cuantos los oían, quedaban maravillados. María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.
Los pastores se volvieron a sus campos, alabando y glorificando a Dios por todo cuanto habían visto y oído, según lo que se les había anunciado.
Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús, aquel mismo que había dicho el ángel, antes de que el niño fuera concebido.
Palabra del Señor.
Reflexión del día: Ir nosotros al encuentro y encontrar al niño Dios que ha nacido y que cada día, está en el altar y en el sagrario. Llegar a verlo y contarle todo lo que hemos visto y oído en nuestra vida, pero también, salir y contar a todos las maravillas que el Señor hace por cada uno de nosotros, agradecer por el año que se ha ido y ponernos ante Él a pedir que envíe su Santo Espíritu y nos acompañe en el transcurso de este año que comienza, ponernos en manos de María, madre de Dios y madre nuestra que nos dice: ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?.
Guardemos todas la cosas en nuestro corazón, en santa paz, alabando y glorificando cada día a Dios.
OCTAVA DE NAVIDAD, SÉPTIMA FERIA
MR pp. 169 y 858 [183 y 896] / Lecc. I p. 441
Del santo Evangelio según san Juan 1, 1-18
En el principio ya existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el principio él estaba con Dios. Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe. Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la recibieron.
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz.
Aquel que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y, sin embargo, el mundo no lo conoció.
Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre, sino que nacieron de Dios.
Y aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando: “A éste me refería cuando dije: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’
De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado.
Palabra del Señor.
Reflexión del día: Jesús, es el hijo de Dios, existe en el mismo Padre, desde el principio de los tiempos, por él se creó toda la vida y cuanto existe, él es el camino, la luz que nos guía y la vida que nos puede llevar a un reencuentro con Dios, creer, conocerlo, reconocerlo y recibirlo en la vida, es lo que nos puede llevar a ser hijos de Diós por medio de él, de su Palabra; aquí la importancia de nuestro bautismo, de vivirlo y de cumplir la voluntad del Padre que nos da gracia sobre gracia para estar un día en su presencia.
MARTES OCTAVA DE NAVIDAD, SEXTA FERIA
MR p. 168 [182] / Lecc. I p. 439
Del santo Evangelio según san Lucas 2, 36-40
En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. (Cuando José y María entraban en el templo para la presentación del niño), se acercó Ana, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.
Palabra del Señor.
Reflexión del día, no importa la edad que tengas, si eres pequeño o grande de edad, puedes realizar ayunos desde dejar de jugar hasta dejar de comer si tienes buena salud y edad apropiada para hacerlo, y orar todos los días a Dios, desde dar gracias, alabar, bendecir, interceder por los necesitados, incluso fieles difuntos o quienes quitan la paz y muy importante, dar testimonio y hablar del niño Dios en este tiempo de gracia, de navidad y crecer también nosotros en sabiduría y gracia, leyendo, escuchando la palabra de Dios y viviendo como Dios, a través de Jesús, nos enseña. Paz y bien.