LETRAS SUELTAS
«Mientras Jekyll y Hyde parecen abrir una caja de Pandora de nuevos horrores urbanos, científicos y psicológicos en la literatura del autor escocés, “Olalla” actúa casi como una despedida amorosa a la edad de oro de la ficción gótica».
Robert Louis Stevenson ha destacado por su versatilidad y constante experimentación mediante una gran variedad de creaciones literarias, que van desde las crónicas de viaje y novelas de aventuras hasta los poemas y ensayos. Entre sus obras, la transición entre el enigmático cuento “Olalla” (1885) y una de sus más ilustres novelas El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886) se revelan como un puesto de ensayo entre pesadillas antiguas y nuevas. Mientras Jekyll y Hyde parecen abrir una caja de Pandora de nuevos horrores urbanos, científicos y psicológicos en la literatura del autor escocés, “Olalla” actúa casi como una despedida amorosa a la edad de oro de la ficción gótica.
Vida y peripecias
Robert Lewis Balfour Stevenson nació en Edimburgo, Escocia, el 13 de noviembre de 1850, proveniente de una familia distinguida de ingenieros e inventores. Su nacimiento fue accidentado, a tal punto que estuvo a punto de provocar la muerte de su madre, Margaret. Es así como, por estos acontecimientos, Stevenson pasa gran parte de su infancia enfermo y recluido en una habitación, lo cual tuvo un marcado efecto en su personalidad, filosofía y escritura. Durante estos años de su niñez, el autor empieza su acercamiento al mundo literario con el desarrollo de su afición a la lectura y a inventar historias complejas que lo ayudan a pasar los largos días en cama. Pero ese no fue el único factor pues, como veremos más adelante, parte de la obra de Stevenson cuenta con crónicas de viaje y de aventuras, hecho que fue el resultado de una visión romántica de la aventura militar y el gran interés por los juegos infantiles de guerra que compartía con su primo Bob.
Luego de desistir de estudiar Ingeniería y Derecho, Stevenson va encontrando seductora la mala vida de Edimburgo y, con su compañero de estudios y amigo de toda la vida, Charles Baxter, se convierte en un asiduo visitante de las inmersiones de la ciudad y las calles poco iluminadas. Podemos decir que la sensación del autor escocés al llevar una doble vida experimental, en este momento, es poderosa, debido a que Edimburgo se presentaba como una ciudad de abogados y médicos, pero también de bebedores y prostitutas e, indirectamente, de Jekyll y Hyde.
Otro acontecimiento influyente en la vida de Stevenson se produce cuando a los veintidós años se declara ateo, en desaprobación sus padres y de la estricta educación religiosa con la que había sido inculcado. Por supuesto, ello provoca que en su hogar reine una atmósfera tensa y opresiva durante meses, lo cual terminó llevando a Stevenson al primero de muchos largos viajes: el comienzo de sus años de aventura.
Obras de transición
El cuento "Olalla" comienza con un soldado escocés recuperándose en un hospital en un pueblo de España. Su doctor le recomienda pasar unos días en una casa en las afueras, donde vive una familia extraña de nobleza decadente: la madre, una mujer callada y perezosa; el hijo Felipe, bien formado pero sin cultura; y la hija Olalla, una joven misteriosa que rara vez se deja ver. El soldado empieza a notar un ambiente inquietante en la casa, con ruidos extraños por la noche y una atmósfera sombría. Una noche, escucha ruidos terroríficos, mezcla de sonidos humanos y bestiales, pero descubre que ha sido encerrado en su habitación. Esto despierta su curiosidad. Más tarde, conoce a Olalla, de quien se enamora inmediatamente debido a su belleza. Aunque Olalla le advierte que se aleje, el soldado no comprende su advertencia y sigue confiando en su amor. Esto provoca un trágico y espeluznante incidente con la madre de Olalla, revelando oscuros secretos de la familia.
Por su parte, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde cuenta la historia de Henry Jekyll, un respetable médico que crea una poción para separar su personalidad en dos: una buena (Jekyll) y una malvada (Hyde). Al tomar la poción, Jekyll se transforma en Hyde, un ser violento y sin escrúpulos, perdiendo el control sobre sus acciones. A lo largo de la novela, el abogado Gabriel Utterson investiga la relación entre ambos, desconociendo inicialmente que Hyde es la manifestación de la parte oscura de Jekyll. Finalmente, Jekyll, atormentado por la creciente influencia de Hyde y la incapacidad de controlar sus transformaciones, decide terminar con su vida. Antes de hacerlo, deja un testamento que revela su secreto.
Del gótico clásico a los horrores modernos
Un componente esencial de la narrativa gótica se encuentra en su lógica narrativa que consiste en mostrar el relato como cerrado e interminable al mismo tiempo, pues retrasa la revelación última que pondrá fin a la aventura del protagonista y al texto. Este aspecto es claramente visible en los dos relatos en cuestión; sin embargo, es importante anotar que el vampirismo del que se estaría hablando al final de Olalla nos deja con muchas dudas ya que, para un lector de nuestro siglo que suele asociar lo vampírico con la oscuridad o lo nocturno, no queda del todo claro por qué la madre de los jóvenes siente un placer insaciable por estar expuesta a la luz solar y a la claridad del día.
Pero vayamos a comparar los acontecimientos que darían luz de la revelación final en cada relato. En el cuento, la escena en la que el inglés se ha cortado profundamente la mano y es atacado de manera histérica, intentando beber su sangre, por la madre de Olalla es el acontecimiento que revela esa degradación de linaje de la que tanto se hablaba a lo largo del relato. No obstante, la historia deja en claro que el narrador considera esto como el comportamiento animal más básico y no lo atribuye a ninguna causa sobrenatural, por lo cual diríamos que nos deja un panorama impreciso y “oscuro” en torno a la realidad de los personajes; es decir, revela que no nos va a revelar nada.
Un poco más adelante, el protagonista tiene una conversación con un habitante del pueblo con la cual concluye lo siguiente: “Lo que me dijo no era cierto y ni siquiera era original: no era de hecho sino una nueva versión imaginada por la ignorancia y la superstición existentes en el pueblo de historias casi tan antiguas como el hombre sobre la tierra”. Vemos entonces que nuestro protagonista guarda para sí una idea que pudo haber aclarado muchos aspectos del cuento, solo por estar en contra de sus convicciones.
Por otro lado, tenemos que en Dr. Jekyll y Mr. Hyde, la manera en que se aclara la situación mediante las cartas del Dr. Lanyon y del mismo protagonista tiende a ser más concisa puesto que existe el objetivo de revelar toda la verdad sobre aquel caso tan extraño. El interés, a diferencia de “Olalla”, ya no se encuentra en qué tan ininteligible se muestra el asunto, sino en llegar al final a una resolución certera que dé cuenta del “misterio resuelto”, al igual que cuando somos testigos de la dualidad que se venía anunciando en Dr. Jekyll.
Otro de los componentes resaltantes se encuentra en los motivos que organizan, de manera general, la estructura de los relatos. El principal eje constituyente es, siguiendo la línea de análisis, el miedo. En torno al miedo, giran todos los acontecimientos que deben o no ser explicados por los protagonistas de estos relatos y, alrededor de este, se plantea el doble juego, la dialéctica entre la razón y la sinrazón de la literatura gótica.
Existe una distinción entre el miedo y el miedo al dolor. Si el miedo a la muerte y a sus consecuencias se condenaba desde las altas esferas de la sociedad iluminista, al considerarse un miedo alejado de toda lógica y basado en una creencia del todo irracional, el miedo al dolor era, frente a aquel, un miedo real. Pertenecía y pertenece, de hecho, al mundo de lo cotidiano y, aunque era evidente que ciertas variantes del mismo se entendían inusuales y extrañas, se movía, no cabe duda, dentro del ámbito de lo probable.
El primero de ellos, el miedo a la muerte lo encontramos representado en Mr. Hyde, de quien se dice tenía un horror casi indescriptible a las galeras y esa era la única razón por las que muchas veces se subordinaba al Dr. Jekyll. Sucede lo mismo con Jekyll; sin embargo, este miedo se va perdiendo a medida que se intensifica el miedo al dolor moral, a seguir sometiéndose a su otra naturaleza a la que aborrece tanto. En efecto, las novelas góticas enfrentan al lector a temas prohibidos, temas tabúes, logrando que este se identifique con el dolor moral padecido por los protagonistas. Se trata, en definitiva, de contenidos condenados y censurados que, frente a lo esperable, no suelen aparecer, por lo general, expuestos de manera evidente, sino que son tan solo insinuados por sus autores. Ello sucede en esta novela corta de Stevenson donde, por ejemplo, nunca se nos revela los placeres que Hyde obtiene de sus incursiones. Pero también se puede apreciar en las descripciones sutiles que el protagonista hace del comportamiento de Felipe en Olalla: “[…] pasaba la mano por mi ropa, con aquella cariñosa manera de acariciar que nunca dejaba de confundirme y que hacía que me sienta avergonzado”. Así también, es importante considerar que el miedo a la muerte deja de constituirse propiamente como un miedo y más bien representa un objetivo para Olalla, quien opta por alejarse del soldado para lograr así la extinción de su estirpe degradada.
Estos no son los únicos aspectos tanto "Olalla" como Dr. Jekyll y Mr. Hyde contienen muchos de los elementos característicos de la ficción gótica. En el primero, podemos mencionar que hay una familia, alguna vez orgullosa de la nobleza decadente, un hogar solitario en un entorno de montaña, y una preocupación por la muerte y la decadencia. Se encuentra en el pasado y tiene lugar en un exótico país católico del sur de Europa, donde la casa española en descomposición y la extraña figura sin vida de la madre se reflejan de la misma manera que los desentrañantes una vez grandes Ushers reflejan su literalmente derrumbe en la mansión del famoso cuento de Edgar Allan Poe. En Dr. Jekyll y Mr. Hyde, estos elementos góticos del ambiente adquieren un carácter casi científico en los espacios sombríos como el laboratorio, la puerta de la callejuela, la fórmula y, por supuesto, las transformaciones de Mr. Hyde.
Stevenson también se centra en el tema de la herencia, demostrado por un retrato de familia con el que "Olalla" tiene un parecido asombroso. Este fue un dispositivo gótico muy popular, famoso por Sheridan Le Fanu en su cuento Carmilla. Vemos así como Stevenson reúne los temas tradicionales de la literatura gótica temprana y añade un giro de la teoría posdarwiniana en la idea de que se heredan defectos físicos y mentales, en lugar de pecados ancestrales. Estos cambios parecen ser muy comunes en el autor puesto que en Dr. Jekyll y Mr. Hyde, situado en el contexto en que se encontraba, podría entenderse como una novela tomada desde el darwinismo social y sus primeros ensayos de supuestas influencias “biológicas” en la moral humana tales como el alcoholismo, la drogadicción y los desórdenes de personalidad múltiple.
En la novela analizada, notamos que la duplicidad es fundamental para su propia teoría de la composición, pues había ocupado a Stevenson durante años y aparece en muchas de sus obras, desde su temprana obra de teatro colaborativa con Henley como se expone en su ensayo A chapter on dreams (1982), el lado inventivo de su escritura estaba más allá de su control consciente. Sin embargo, en Dr. Jekyll y Mr. Hyde, su preocupación es menos por los opuestas morales (Hyde es pura maldad, pero Jekyll es una mezcla de lo bueno y lo malo) que por la ambivalencia moral y la dificultad de controlarse a sí mismo. Este aspecto ya renueva lo que se veía en “Olalla” como sustrato de fondo ante esa sutil y hermosa historia de licantropía y de fuertes amores desenfrenados: la plasmación de las dudas de un hombre en su afán constante de búsqueda de respuestas. Podemos mencionar en torno a esto que la compasión juega un papel vital en el relato, puesto que lo más inquietante en él no es esa soledad desoladora que rodea todo y lo vuelve agreste, sino la degradación, la caída en desgracia, moral si se quiere, aunque también identitaria, de la familia anfitriona. Los miles de ojos muertos y los miles de gestos repetidos por acción de la endogamia de los altivos ancestros son los recuerdos atenazantes de un pasado orgulloso, de los excesos cometidos, de los errores rechazados. Este mal no es aquí una condición moral transmisible, pero sí hunde sus raíces en el entorno; es decir, a los habitantes, si podría llamárseles así, de la mansión. De la misma manera, el bien brota y germina con fuertes tallos en la virtud religiosa de Olalla. Ambos opuestos han edificado los cimientos de esa casa y de esa estirpe, y ambos, cansados, la condenan a su extinción.
A modo de cierre
En conclusión, podríamos decir que como un resumen tardío de todo lo que fue maravilloso sobre el primer florecimiento de la ficción gótica, “Olalla” difícilmente podría ser mejorado, algo que hace que su estado descuidado sea aún más desconcertante. Después de haber completado la historia Stevenson volvió a las pruebas de Jekyll y Hyde, una narración en la que sostuvo un espejo a las muy diferentes pesadillas del futuro, pesadillas que se juegan no en una tierra extranjera de hace mucho tiempo, sino en el aquí y ahora de Londres.