La medicina y la psicología deben trabajar de forma paralela y complementaria para el tratamiento de enfermedades. El reto está en trabajar de manera conjunta y profunda, donde la enfermedad no se aborde con un modelo lineal. Por eso, no basta con que los sistemas de salud se limiten a dar información con fines preventivos, sino que deben tomar en cuenta diferentes factores sociales y cognitivos que influyen en el desarrollo y el tratamiento de un padecimiento.
Muchos de los padecimientos físicos de las personas pueden ser el resultado de conductas aprendidas, por eso, una enfermedad no sólo debe abordarse desde la medicina, sino también desde el área psicológica.