Jane Austen por Alison Kolesar
Jane Austen por Alison Kolesar
☕ Hoy vamos a tomarnos un té y charlar sobre Jane Austen, el contexto sociohistórico en que creó su obra y su influencia en la literatura.
Jane forjó su obra y su vida a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Para situarla en un período histórico preciso, fue durante la regencia de Jorge III.
En su época, se educaba a las mujeres en "escuelas para señoritas", donde aprendían a ser esposas y madres. O sea, sirvientas no pagas.
Educar a una mujer en filosofía y letras se consideraba una pérdida de tiempo y de dinero; y no se nos consideraba lo suficientemente inteligentes como para estudiar ciencias o matemática. (Marie Curie se está riendo desde el más allá)
Estas ideas venían de Rousseau, para quien las mujeres eran "incapaces de adquirir aprendizajes, ya que su principal objetivo era ser agradables". Locke pensaba similar.
A pesar de este contexto, al padre de Jane le importó todo un rabanito y les dio a sus hijas la misma educación que a sus hijos. Un capo, ¡te bancamos don Austen!
Jane por su parte, defendía el derecho a la educación para la mujer. En sus obras critica la enseñanza que se les daba a las niñas y crea personajes femeninos fuertes, inteligentes y críticos. No me vengan a decir que después terminan casándose, sí, pero recién empezaba el 1800. Estamo'?
Tanto Jane como Mary Wollstonecraft, acordaban en que la educación femenina era tan superficial, porque la sociedad tenía miedo de su independencia.
Y no se equivocaban.
En cuanto a su aporte a la literatura, Jane fue parte de un gran cambio para la mujer escritora.
Antes de ella, de las hermanas Brontë y de George Eliot, solo las mujeres que tenían un título nobiliario o nadaban en pepitas de oro podían escribir. Y aún así no se las incluía en la literatura.
Para fines del siglo XVIII, la mujer de clase media comienza a escribir y no escribe cualquier cosa, escribe novelas. Se pone a la altura del hombre rico que poseía todos los privilegios.
Jane usó sus novelas para satirizar la sociedad de su época, al no poder salir de su casa, porque las mujeres debían pertenecer al ámbito privado (el público era de los hombres), escribió en su salita común y narró todo lo que veía desde su perspectiva. Así fue como las mujeres fueron introduciéndose en la literatura.
Este arribamiento de la figura de la escritora en la literatura es producto de un pensar común, de un pacto tácito entre mujeres, una experiencia en masa.
Lo que diferenció a Jane de otras escritoras es que ella no se escondió detrás del nombre de un varón o del anónimo. Dice Virginia Woolf que el "anónimo que escribió tantos poemas, era a menudo una mujer". Pero Jane pateó todo y firmó sus obras con su propio nombre, you go girl!
Este acto tan sencillo abrió el camino a las futuras escritoras. Ahora los anaqueles de autoras mujeres dejaban de estar vacíos para llenarse lentamente con las obras de nuestras hermanas.
La crítica, (siempre viejos pelados con olor a seborrea) consideraba sus obras como vulgares y excéntricas. Y sí, los onvres no estaban acostumbrados a que una mujercita tenga pensamiento crítico y lo vuelque en sus obras, burlándose de la sociedad y de sus costumbres. Ya saben; si un par de viejos al borde de la descomposición les dicen que están haciendo algo mal es porque lo están haciendo todo bien.
📌Fuentes: Un cuarto propio de V. Woolf y Acerca de Jane Austen de C. Restrepo.
Alfonsina por Cristina Fernández
Alfonsina Storni fue una de las mujeres más influyentes de la literatura argentina del Siglo
XX, fue una mente brillante y una mujer valiente que luchó contra una sociedad machista y
contra sus propios demonios. ¿Qué la hace tan especial?
Alfonsina fue escritora, periodista, docente, gremialista, actriz y hasta trabajó como moza.
El contexto literario de su época era pésimo para las autoras mujeres. Estaba
completamente reservado para los hombres, con un Modernismo diluido y una Vanguardia
masculina prominente. La crítica literaria clasifica sus textos de entre 1916 y 1925 como
tardo románticos y a partir de Ocre se hallan rasgos vanguardistas y recursos como el verso blanco. En Ocre intenta alejarse del Modernismo y se liga a la temática feminista volcándose hacia la realidad. Sus primeros textos han sido tachados de “cursis” y de baja
calidad literaria. Pero no, Alfonsina fue más que su etapa romántico-modernista.
La Inquietud del Rosal se publicó en 1916, en él habla de sus deseos como mujer y sobre
su condición de madre soltera. Tuvo poco éxito ya que la crítica la consideró como una
escritora inmoral. Aunque este libro le abrió las puertas a los cenáculos de escritores,
siendo la primera mujer en participar.
¿Por qué se la consideró inmoral?
La literatura no siempre fue una actividad permitida para las mujeres, en todas las culturas
las mujeres fueron relegadas al ejercicio biológico - socializador e históricamente privadas
de influencia en la esfera pública y así, silenciadas. Las mujeres que escribían lo hacían
como se les permitía. La literatura femenina solo debía usar determinado tipo de lenguaje:
siempre hablar desde adentro de la casa, la urbanización no se debía mencionar, eso era
lenguaje masculino y estaba prohibido. Tampoco podía ser sugestiva, sino pura, para "niñas
bien".
Los géneros confesionales como el diario, la carta, las memorias y la poesía amorosa formaban parte de la literatura femenina. Los temas permitidos eran lo doméstico, el amor romántico y maternal. Esta literatura marcaba fuertemente la división de géneros en los roles asignados social y culturalmente, la tradición construía estereotipos privativos de género. La literatura de mujeres para mujeres no gozaba del mismo prestigio que la literatura masculina, era considerada de menor valor ya que representaba “la parte irracional y emocional de la humanidad.”
Pero Alfonsina salió de su cuarto para ver la ciudad y a su vez, salió de los límites de la poesía femenina como en “Siglo XX”. Fue transgresora porque no respetó las normas sociales que limitaban su arte. Exploró un lenguaje prohibido para la mujer de su época. Por supuesto, los sectores conservadores la censuraron y tacharon de "pornográfica".
Si bien el amor es un tema recurrente en su obra, también era un tópico condenable ya que como mujer soltera no estaba habilitada a escribir sobre esto, la relación amorosa era aceptada solo dentro del matrimonio para las mujeres. El “derecho” a expresar los sentimientos fuera de la institución matrimonial era reservado para los hombres, ¿nos sorprende? no, en las mujeres era una conducta catalogada como prostitución.
Igualmente, Alfonsina hizo de las suyas y habló no solo del amor sino que también impulsó a la igualdad con el hombre en cuanto a la sexualidad. Fue abiertamente partidaria de la liberación sexual femenina rebelándose contra la posición tradicional de la mujer tanto en sus poesías como en su vida personal. Estas ideas pueden leerse en “Tú me quieres blanca”, el cual sigue un poco la idea expresada anteriormente por Sor Juana en “Hombres necios”.
La crítica la dilapidó y cuando ya no pudo negar su genialidad, dijeron que escribía como hombre. La masculinizaron para aceptar que estaba a la altura de ellos. ¡Les explotó la cabeza!
En cuanto a su labor periodística fue también pionera. Las mujeres podían opinar de belleza y de moda o compartir recetas en el diario. El periodismo era cosa de hombres. Esta fue otra de sus transgresiones, no le tembló la voz a la hora de opinar sobre temas sociales de importancia. Sus artículos periodísticos son imprescindibles: hablan de una transformación colectiva en proceso, del surgimiento de un nuevo sujeto social: la mujer. Alfonsina transgrede el mandato de género de su época para apropiarse del discurso masculino en el artículo y sobre todo, en el ensayo. Claro, el hombre es el que piensa y hace ensayos. HACÍA.
Si bien Storni no fue una feminista en el sentido actual del concepto ni perteneció a grupos feministas, es una realidad que su figura y sus obras iniciaron un cambio en la percepción pública de la mujer escritora.
¿Subversiva?
Alfonsina traspasó los límites sociales y culturales como escritora y como mujer. Eligió ser madre soltera en una época en que esto se consideraba una vergüenza, fue a Buenos Aires completamente sola y sin empleo, enfrentó el estigma social, decidió no casarse nunca, aunque tuvo varias relaciones tanto con hombres como con mujeres.
Por eso, por favor, dejen de romantizar su muerte y decir que se suicidó por un hombre. No era una mujer dependiente de ningún hombre, de hecho, fue demasiado independiente para su época. Fue “La loba”, no una sumisa. Y su muerte fue su propia decisión, ya que no podía lidiar con el cáncer que la consumía. Seamos respetuosos y enseñemos bien, Alfonsina fue más que la poetisa suicida, fue la que alzó la voz cuando las mujeres estaban condenadas al silencio.
📌Fuentes: “La lengua literaria en la Argentina de 1920”, Mariano Oliveto; “Feminismo y transgresión en las obras de Alfonsina Storni, Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou”; Ana Skledar Matijevic.
Ilustración: @paulaebiru
Alejandra Pizarnik encontró en la escritura una forma de evadir el dolor y la manera de exorcizar el sufrimiento a través de la palabra. La escritura fue su estrategia para mantenerse viva y pelear contra la muerte.
En esta ocasión vamos a charlar un poco sobre cómo esta excelsa escritora transformó su vida en la búsqueda incansable de un estilo perfecto y jugó con el lenguaje hasta explotarlo.
Transgresora:
La transgresión de Pizarnik no es rebelarse como autora feminista, ni la reivindicación de la mujer en las letras, estas no eran sus intenciones.
Su transgresión está en su relación con la palabra, que es implícitamente sexual. Aquí se ve la figura subversiva de Alejandra, que es lograda por medio de sus constantes alusiones a la muerte, vista como un deseo. Es decir, el erotismo se da en la relación de Alejandra con el verbo a través de la muerte. Pizarnik y la muerte terminan siendo uno, su cuerpo la reclama como reclama al sexo.
El mito de la poeta maldita:
El mito de Pizarnik como poeta maldita surge a partir de su muerte, como es obvio. Para Clelia Moure no existen marcas que puedan incluir a la obra de Alejandra dentro de la literatura por géneros, ya que ella no asume su género: el acto creador en la escritora trasciende toda posición sexuada; en cambio, se la puede anexar a otro grupo de excluidos: los malditos. Sin embargo, Paola Calahorrano apunta al poco interés en analizar realmente la obra de Pizarnik y a su vez a la facilidad del análisis de la misma en relación con su biografía. Es un poco de vagos este último análisis, ¿no? Para muchos, el encasillamiento como maldita es negativo. Por mi parte opino que es reduccionista, Alejandra ya era excelente antes de morir y su obra tiene un valor literario incalculable independientemente de su trágica muerte.
Alejandra surrealista:
Para César Aira Alejandra fue una escritora surrealista o LA escritora surrealista, su punto de vista se enfoca en la escritura automática.
Dice Aira que “la escritura automática es algo así como el proceso en estado puro, en tanto pretender ser un flujo libre del inconsciente, es decir del área mental libre de la consideración de los resultados, del juicio crítico”. Por esta razón el escritor considera a la escritura de Pizarnik sincera, dice que su objetivo era escribir buenos poemas y ser una buena poeta.
Las consideraciones de Aira pueden corroborarse en el siguiente fragmento de “Extracción de la piedra de la locura” (personalmente, una obra maestra):
“(...)Escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna. Miserable mixtura. Yo restauro, yo reconstruyo, yo ando así de rodeada de muerte. (...)”
Pizarnik desde la óptica feminista:
Alejandra Pizarnik es un ícono para las escritoras feministas, es un hecho.
La perspectiva que tomamos sobre el feminismo y los textos feministas en esta corriente crítica es de subversión y no sumisión a los patrones literarios masculinos.
Si bien la escritora no buscó relacionarse con el movimiento, sus textos pueden y son analizados desde la crítica feminista.
Para la crítica literaria feminista Elaine Showalter la diferencia en la escritura/práctica femenina debe buscarse “en el cuerpo de la escritura, y no en la escritura del cuerpo”.
Lucía Guerra Cunningham dice que en las escritoras latinoamericanas se ve una ruptura con respecto a la escritura de épocas anteriores, Pizarnik en particular no sigue moldes masculinos, pero a su vez no se sirve de la literatura para denunciar las desigualdades de género.
De todas formas, muchas veces no es necesaria la adherencia al movimiento para ser feminista. En cuanto a la literatura, en el caso de Pizarnik sería poco probable pensar en una denuncia explícita dentro de su obra. Para ser parte de la revolución en cierta época, y más en la época de Pizarnik (paralela a la de Beauvoir) con escribir y decir “estoy acá, las mujeres estamos presentes y seguimos escribiendo” es suficiente.
Volviendo a su obra, Pizarnik no se expresa con eufemismos, la visceralidad y autenticidad de su poesía automática con un Yo fragmentado la hacen única y por ende feminista, aunque no sea su intención. Esta escritora es única para su época porque no usa silencios y alegorías como las autoras contemporáneas; Alejandra hace uso de las palabras.
La literatura feminista es subversiva porque no se somete al enfoque masculino con el que se han estudiado la letras históricamente. El no callar, es un acto de subversión.
Dentro del yo crítico de la escritora existe un tono lúgubre y sombrío. Se podría decir que más allá de un género, la obra de la poeta abarca una temática humana y debe ser vista desde una perspectiva feminista, es decir bajo una crítica que defienda la integridad humana.
Volviendo a la idea de Alejandra como escritora maldita, Paola Calahorrano (Universidad de Arizona) arriba a la conclusión de que de haber sido varón, la crítica no se hubiese empeñado en referirse a ella con términos reduccionistas que lo único que fomentaron fue construir un mito de la maledicencia.
Paradójicamente, el concepto de “maldita” no encaja con la figura patriarcal de la mujer.
La crítica literaria y poeta argentina Cristina Piña, dice que los textos estremecedores de Alejandra “no solo reclaman una legitimidad diferente -la de la transgresión-” sino también una nueva legitimidad específica de la palabra femenina: lo que puede decir una mujer.
Poesía y prosa en conflicto:
Para Carolina Depetris, autora de “Alejandra Pizarnik después de 1968: la palabra instantánea y la “crueldad” poética”, existe en la escritora un conflicto entre poesía y prosa. En la poesía Alejandra exaltó su deseo de escribir de forma simple y clara, tomando como valor fundamental para sus formas la simpleza, la desnudez y la sencillez. Para Depetris, la poética pizarnikiana no se encasilla ni en la prosa ni en la poesía, sino que ambas entran en conflicto, se fusionan sin desaparecer y se instalan en su poesía en prosa para a su vez, proyectarse recíprocamente. Es decir que en Pizarnik la poesía es un espejo de la prosa y la prosa uno de la poesía que se hallan enfrentados y se replican mutuamente de manera infinita.
Lo autobiográfico y más allá:
El escritor César Aira afirma que la obra de Pizarnik es autobiográfica: en ella se desnuda y muestra su vida desgarrada por el dolor y exorcizada por él a través de la palabra.
En la biografía de la poeta, escrita por Cristina Piña, se habla de los problemas que tenía Alejandra respecto a su autoestima: se odiaba por su fealdad, su gordura y su acné, la avergonzaba su voz varonil y cavernosa. También sufría de insomnio, admiraba la noche que era su propio tiempo, la oscuridad fue parte de su vida.
Podemos leer la oscuridad de Alejandra, pero no reducirla a la misma, existe demasiada belleza en su obra y un trabajo incansable de años y años, una perfección a la que aspiró toda su vida y la vemos (o al menos yo la veo) en poemas como “Extracción de la piedra de la locura”, donde usa su oscuridad, su conocimiento, su maestría para amasar, deshacer y rehacer el lenguaje. Es desoladora la perfección de Pizarnik, pero hermosa. Al igual que Alfonsina, no debería ser reconocida por su última decisión sino por su literatura.
Fuentes:
Paola Calahorrano. (2010). Cuerpo y muerte: la sexualidad que exhala Alejandra Pizarnik a través de la muerte deseada. Divergencias. Revista de estudios lingüísticos y literarios., Vol. 8,Número 2 - Sección especial, págs 92-100.
Tina Suárez Rojas. (1997). Alejandra Pizarnik: ¿La escritura o la vida?. Espejo de paciencia, Volumen 3, pág 24 a 27.
Clelia Moure; Cristina Piña (Editora). (1997). Alejandra Pizarnik: una grieta en la razón occidental. En Mujeres que escriben sobre mujeres (que escriben), (pág 111 a 148). Buenos Aires: Editorial Biblos.