El descanso no es una recompensa, es parte del proceso.
He aprendido esto a base de resacas, de días donde no tienes fuerzas ni para levantarte, donde todo pesa más de lo normal. Y ahí lo ves claro: una buena noche de descanso te cambia la vida.
Me he arrepentido mil veces de haber bebido de más o de no haber dormido bien… pero ni una sola vez me he arrepentido de descansar.
A veces nos exigimos tanto que nos olvidamos de algo básico: el cuerpo y la mente se recargan descansando.
Lo más curioso es que, desde que practico la ley del mínimo esfuerzo, descansar deja de ser algo “culpable”. Porque sé que ya hice lo mínimo, ya resolví mis problemas primarios.
Como dice Jeff Bezos:
“El estrés no viene del exceso de trabajo, sino de tener que ocuparse de un problema del que no te estás ocupando.”
Y si haces lo mínimo cada día, incluso descansar se siente merecido.
La inercia positiva también se alimenta de pausas bien hechas.