—Cenicienta, tú no irás, te quedarás en casa limpiando y preparando la cena para cuando regresemos.
Las tres mujeres salieron hacia el palacio, burlándose de Cenicienta.
—No llores Cenicienta, tú has sido muy buena y mereces ir al baile.
— ¡Muchas gracias! —exclamó Cenicienta.
—Espera, no he terminado todavía —respondió el hada madrina con una sonrisa.
—¿Puedo probarme la zapatilla? —dijo Cenicienta.