Pronto, llegó el momento en que las hadas le entregaban a la pequeña sus mejores deseos:
—Que crezca y se convierta en la mujer más bella del mundo —dijo la primera hada.
—Que cante con la más dulce y melodiosa voz —dijo la segunda hada.
—Que siempre se comporte con gracia y elegancia —dijo la tercera hada.
—Que sea bondadosa y paciente—dijo la siguiente hada.
—¿Puedo intentarlo? —le preguntó.
— ¡Por supuesto, mi pequeña niña!
El príncipe y la princesa se casaron y vivieron felices por siempre.