Antaño, cuando se finalizaba una casa o se terminaba de recoger la hierba, era costumbre coger un ramo y colocarlo en la parte más alta y visible. Si era una casa, se colocaba en el tejado; si era la hierba, se colocaba en lo alto del montón que se transportaba en el forcao.
Relacionado con esto, existía una tradición en todo el mes de mayo que consistía en que los mozos se sentaban en la esquina que hace la cuesta de So la Cercas con la Calle la Carrera para sentarse en el muro a tomar leche recién ordeñada. Esta la iban a buscar dos mozos a una casa y se la entregaba en un cuenco de barro (de unos 5 litros) con un agujero para colocar una boquilla o tapón de madera. Una vez llegada la leche, todos se sentaban a tomar un trago y la iban pasando entre los que se encontraban. Cuando se acababa, iban otros dos mozos a otra casa y así hasta que se vieran saciados.
Estos mozos que habían sido satisfechos por todas las casas del pueblo, tenían el deber de colocar la noche de San Juan, sin que nadie se enterara, un ramo de hojas (por lo general una rama de chopo) en la ventana o balcón más alto de cada casa en la que viviera una mujer soltera o viuda de cualquier edad; si había tres mujeres, se colocaban tres ramos, y así respectivamente.