Para nada se asemeja el concepto que tenemos asociado de carnaval actual con el que se vivía en Genicera. Las luces, los colores, las carrozas, la música, los trajes y el confeti para nada eran algo para usar en los carnavales de este lugar.
Una tradición más leonesa, un tanto sobria, pero sin dejar de lado el afán de los niños por divertirse en este día especial. En ella, las niñas y las mozas se vestían con manteos llenos de colorido para ir a dar vueltas por el pueblo con sus amigas. Si el tiempo lo permitía, quizás podían moverse bien por los caminos en los que se encontraban metros y metros de nieve de aquellos años fríos. En algunas ocasiones se recuerda a las niñas moverse entre los pueblos de Cármenes sobre caballos engalanados con manteos de todos los colores recitando la siguiente frase:
«Denos huevos y torreznos
y dinero para pan
para mantener la gente
que trae nuestro capitán»
De forma similar, salían también los mozos y los niños con la cara pintada a pedir huevos a las casas de la localidad, como si se tratase de un “truco o trato“ pero versión leonesa. Quienes clausuraron esta tradición de forma definitiva fueron Juan José Llamazares y Carlos González allá por la década de los años 70.