AURORA VENTURINI (La Plata, 20 de diciembre de 1922-Buenos Aires, 24 de noviembre de 2015) fue una escritora, docente y traductora argentina.
En sus libros siempre hace mención a lugares de mi ciudad. A los 85 años obtuvo el Premio Nueva novela de Página 12 por esta obra.
Las primas, de Aurora Venturini. Ed. Tusquets (2021).
Como dice la reseña de la contratapa, esta es una historia fuerte por donde se la aborde. En ella podemos encontrar temas como: discapacidades, abandonos, pedofilia y violación, aborto, muertes, prostitución, etc.
Todo ello desde un estilo irreverente, crudo, sin "pelos en la lengua" porque la narradora, Yuna, habla así. Su mirada, al comienzo aniñada, carente de experiencia, se va haciendo cada vez más madura y se distancia de los que la rodean, una familia "rara", dice. Ella asume su "minusvalía", escribe sin puntuación, como un fluir del discurso porque la puntuación le "hace ruido " en su cabeza (padece de dislalia). Por eso recurre siempre al diccionario y al arte para expresarse mejor. Pinta cuadros con escenas de su cruel vida cotidiana. El arte la salva.
Llegué a esta novela por recomendación en las redes y verdaderamente me sorprendió. Es un libro para analizarlo en profundidad pues presenta muchas aristas.
ANTIRRESEÑA (la reseña que, quizás, no esperes).
Cometierra, de Dolores Reyes, Ed. Sigilo.
Me abocaré únicamente a hacer un análisis estilístico de la novela, más que temático (su tema es un gran acierto), y de sus inconsistencias.
Síntesis argumental: Cometiera es la historia de una joven clarividente que come tierra porque le permite reconocer cuerpos de personas desaparecidas. Así es como descubre el femicidio de su madre y tantos otros. La gente comienza a enterarse de su don y se acerca a su casa con botellas de tierra para que trague el contenido y dar con el paradero de esos cuerpos desaparecidos. Ella puede sentir, incluso, lo que han sufrido las víctimas.
Aparecen, a su vez, otros personajes como Walter, su hermano, con quien vive en una casa precaria, y luego se entremezcla en la historia un policía, Ezequiel, con el que tendrá una historia de amor.
El tema es interesante y original. Esta clarividencia del personaje le permite, como un pseudo detective, descubrir situaciones de violencia que culminan en femicidios. Nada más actual. Esto hace que el lector genere inmediatamente empatía e identificación con el personaje y la historia. Puede leerse en ella cierto simbolismo en el elemento de la tierra.
La novela está narrada en 1era persona por la protagonista. Y comienza así: "Los muertos no ranchan donde los vivos".
Quienes escriben saben que los comienzos y los finales son lo más importante de una historia y este, a mi criterio, no lo es. ¿Por qué? Porque aparece una palabra desconocida para muchos (debí buscar su significado: expresión coloquial que significa juntarse en la casa-rancho- de alguien) que es parte de la jerga de los adolescentes de determinado sector social. Esto pareciera delimitar un público lector, y hasta puede condicionar la continuación de la lectura (al avanzar, aparecerán otras palabras).
Este no es el problema en sí sino que el asunto reside en que la reproducción del habla de los jóvenes (de condición humilde), no se sostiene a lo largo de la novela. Podemos encontrar pasajes más bien líricos o metafóricos tanto como expresiones del tipo: "el Walter". Y esto se intensifica con la innecesaria y hasta vulgar descripción de una relación sexual que desentona con lo que la narradora viene contando.
Esto se hubiese solucionado perfectamente con un cambio de narrador: si la historia la contase un narrador ajeno al relato (omnisciente) podría utilizar ese estilo más elevado cuando narra, para luego dar paso a los diálogos de los protagonistas en un cronolecto (edad) y sociolecto (procedencia) propios . Allí sí las expresiones o modismos juveniles tendrían sentido. En cambio, hay una oscilación permanente.
Considero que esta es la gran inconsistencia de la novela: el no "ponerse de acuerdo" en qué registro escribir.
RECOMENDADO. La maldición de Hill House, de Shirley Jackson.
Tres jóvenes (dos mujeres y un hombre) aceptan la propuesta del doctor Montague de vivir en una casa antigua, laberíntica, enigmática, con la presunción de estar hechizada. El propósito será estudiar algunos fenómenos paranormales que allí se registran. ¿Podrán ellos con la casa o la casa podrá con ellos?
Es una típica novela gótica, de un suspenso muy bien manejado por la autora. Una historia intrigante al mejor estilo Henry James.
SHIRLEY JACKSON (14 de diciembre de 1916, San Francisco, California, Estados Unidos - 8 de agosto de 1965, North Bennington, Vermont, Estados Unidos).
Fue una cuentista y novelista estadounidense especializada en el género de terror. Fue popular durante su vida y en los últimos años su obra ha recibido una creciente atención por parte de la crítica.
Sus obras más conocidas son posiblemente el relato corto La lotería (1948), que sugiere la existencia de un tétrico y estremecedor submundo en las pequeñas ciudades de la América profunda, y La maldición de Hill House (1959)
VERÓNICA SUKACZER . Nació en la ciudad de Buenos Aires en 1968 y es periodista, escritora y editora. Colabora en medios gráficos y ha publicado más de quince títulos para chicos y jóvenes. Hay que ser animal recibió el Segundo Premio Nacional de Literatura Infantil 2012.
Los nombres prestados, Verónica Sukacser, Ed. Nube de tinta (2019)
Esta novela de la escritora argentina Verónica Sukacser aborda el tema de la Shoá (el holocausto) desde otro lugar, lugar que se cuestiona ella misma en un apéndice del libro pues ¿cómo contar el horror cuando supera los límites del lenguaje? ¿Es posible acaso?
Esta es la historia de Nina, una estudiante de periodismo que le gusta leer y quiere ser escritora. Su abuelo judío está llegando al final de sus días sin contar lo que ha vivido en los campos de concentración, pero ella sí quiere saber sobre su historia familiar.
Un libro nazi con cartas en su interior encontrado en la biblioteca de su abuelo será el puntapié para descubrirla.
La novela de Sukacser está hecha de historias que se entrelazan y que también ocultan identidades, nombres prestados, mensajes codificados que deben pasar el filtro de la SS.
Es una novela "caja de Pandora", podría decirse, pues en ella se van destapando y liberando secretos.
Hay, además, un gran trabajo de intertextualidad y con el lenguaje.
"Y les sigo contando, porque creo que todos deben conocer esta historia, repetirla para no olvidarla, estudiarla, contársela a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Y entonces me digo que por eso escribo, porque la ficción sirve también para recordar, y qué otra cosa puedo hacer, de qué otro modo puedo sumar, si escribir es mi vida. Y entonces escribo..." (Verónica Sukacser).