¿Jugamos a leer?
Cómo fomentar la lectura e imaginación en niños pequeños mediante el juego.
Lo que caracteriza a la primera infancia es el juego. Pero, ¿cómo vincular el juego con el placer y el desarrollo del hábito lector? En esta nota hablaremos de los “libros-juego”: libros interactivos para los niños más pequeños y su importancia a la hora de generar un primer acercamiento a la lectura.
Por Silvina Flamini
Profesora en Letras, docente, mediadora de lectura y escritora de libros para niños.
Cuando hablamos de niños pequeños hablamos de juego. Y si hablamos de juego, hablamos de una actividad vital y espontánea que posibilita el desarrollo integral del niño en los primeros años. Pocas veces se asocia el juego con la lectura, ya que en la primera infancia nos encontramos con sujetos no escolarizados, que necesitan de la mediación de un adulto para entrar en la ficción.
Los llamados “libros-juego” ofrecen esta doble apertura: se accede al mundo ficcional a través del juego, y el lector se convierte en un “lector-jugador”. Se trata de libros interactivos, muy atractivos a la vista, pues en ellos predomina la imagen por sobre las palabras. La sola observación produce placer en ellos, a la vez que aprenden colores, sonidos, animales, letras, números, etc. en interacción con las imágenes. No suelen desarrollar historias complejas, sin embargo, establecen una nueva relación entre objeto y lector: este puede manipularlo, girarlo (algunas propuestas incluyen la posibilidad de recomenzar la lectura), seguir las instrucciones y entablar un diálogo con los personajes.
Es sabido que la literatura no tiene como finalidad primera el conocimiento sino el goce estético, el placer generado por la lectura o la escucha activa de una historia. Si bien no todos estos libros plantean la estructura tradicional de los cuentos, permiten, sin embargo, recrearla en el juego. Es usual ver a niños pequeños reproduciendo, a su modo, lo que ha leído el adulto mediador (padres, familiares, maestros) o inventando nuevas historias a partir de ellas. Es allí donde se activa y libera la imaginación.
Tengamos en cuenta que el modo de leer en este tipo de libros cambia: pasamos de un tipo de código, el lingüístico, a otro tipo de lenguaje: el icónico (las imágenes). Aunque el niño no lea palabras, debe decodificar (leer) esas imágenes, proceso aún más complejo. Y lo que en un momento es imitación, luego se convierte en creación de ficciones propias, con infinidad de variantes o, incluso, en otras actividades creativas.
Algunas recomendaciones.
Hervé Tullet es un artista plástico francés, ilustrador y escritor de libros para niños (sus talleres tienen amplia concurrencia). Ya lleva publicados más de 80 libros cuya característica principal es la interacción. Colores es un libro que permite conocer los colores, agitar o inclinar el libro para mezclarlos, aclararlos, oscurecerlos, en fin, jugar con ellos y aprender. Otro libro interesante de este autor es ¡Oh! Un libro que hace ruido. Este libro sigue la misma dinámica que el anterior: los colores. Pero en este caso seguir las instrucciones y tocar los puntos permitirá emitir sonidos cortos, medianos, largos, interrumpidos, etc. o un sostenido, enojado, alegre ¡Ooohhhh!, es decir, en él también intervienen las emociones.
Por otro lado, tenemos El animalario universal del Profesor Revillod, escrito por Miguel Murugarren e ilustrado por Javier Sáez Castán. Este es un libro que posibilita otro tipo de juego, ya que los animales dibujados de perfil sobre un papel han sido seccionados verticalmente en tres partes, y anillados en la parte superior. Levantando una de ellas por vez se formará un nuevo animal; también irá cambiando el nombre y su definición. Son sólo dieciséis animales pero las combinaciones, casi infinitas.
Por último, ¡Por favor, abre este libro!, de Adam Lehrhaupt permite un juego continuo, desde la tapa hasta la contratapa. Los animales apelarán a la ayuda del lector quien, en esa complicidad, quedará atrapado en la historia.
Beneficios de los libros-juego.
¿Qué beneficios trae al niño el contacto con estos libros?
· incentivan la curiosidad y la creatividad;
· promueven la participación activa del lector, a partir de la manipulación directa del objeto;
· desarrollan las competencias cognitivas, emocionales y el pensamiento crítico desde un costado lúdico;
· fomentan el acercamiento a la lectura.
Experiencias.
Virginia, mamá de Felipe, nos cuenta que recibió de regalo el libro ¡Oh! Un libro que hace ruido, de Hervé Tullet para el tercer cumpleaños de su hijo:
“La verdad es que me sorprendió porque Feli se interesó desde el primer momento. Yo pensé que era un libro para chicos más grandes, pero no. Este libro le gusta porque ‘lee’ solo y cada tanto lo escucho diciendo: ‘Oh…Oohh…Oooohhh’”.
Conclusiones
Para finalizar, los libros-juego se nos ofrecen como puentes para acceder a un universo literario vasto y riquísimo, y a futuras historias más complejas a las que el niño se enfrentará en la etapa escolar o en el calor de su hogar. Es seguro que no solo ellos los disfrutarán sino también lo harán los adultos, pues en el juego se sentirán atraídos por su plasticidad y originalidad.
Temas tabúes en la literatura para niños y jóvenes[1]
Por Silvina Flamini
Durante mucho tiempo los libros destinados a niños y jóvenes sufrieron un proceso de selección temática aparentemente natural pero que no era otra cosa más que una forma de censura.
Temas como la muerte, la sexualidad, la vergüenza, la discriminación, la culpa, la locura, las relaciones intrafamiliares, etc. se convirtieron en temas tabúes en la literatura infanto-juvenil para proteger a la infancia del lado oscuro de la adultez; esto está íntimamente relacionado con la concepción sobre la infancia que ha tenido cada época. Sin embargo, es sorprendente que en la larga tradición oral de canciones y juegos populares para niños hallemos infinidad de expresiones o situaciones aún más “obscenas” para los chicos, donde se apela al doble sentido, a la crueldad, a lo escatológico y a palabras inapropiadas.
Los relatos de advertencia.
Todo comenzó con los relatos donde se advertía sobre distintos tipos de desobediencia (Caperucita roja) o de quebrantar las reglas impuestas por el adulto para preservar a la infancia. Con el tiempo se sumaron otros temas difíciles como la muerte, el divorcio, la violencia intrafamiliar, el acoso escolar, la diversidad sexual, etc.
Fanuel Hanán Díaz enumera algunos de los libros que fueron prohibidos en el siglo XX en los Estados Unidos por razones casi delirantes: “… James y el melocotón gigante, de Roald Dahl, porque incluía la palabra “culo”; El diario de Ana Frank, por las alusiones sexuales directas y tocar temas homosexuales; Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, porque hacía referencia a fantasías sexuales y masturbación, además de incitar al uso de sustancias alucinógenas…”, etc.
Las sombras de la infancia.
Hanán Díaz señala que el rechazo de estos temas en los libros “… revela un espejo de aquello que no nos gusta en nosotros mismos” y que hoy la censura “… no tiene sentido en un mundo tan expuesto a la realidad”. Ese rechazo denota una sombra colectiva, el lado oscuro que no queremos mostrar a los niños, de allí la prohibición.
Los cuentos de hadas son los primeros que ponen en evidencia la sombra inconsciente que ronda la infancia y que ayuda a la construcción de la psique del niño. ¿Cómo se justificaría, entonces, la crueldad con que estos relatos abordan ciertos temas? Rivalidad entre hermanos, padres abandónicos, madrastras envidiosas, etc. son estereotipos de malos comportamientos que deben ser castigados. Ante esta exposición, dice Hanán Díaz, el niño va construyendo “las nociones de lo que está bien y de lo que está mal”. No exponer a los niños a este tipo de historias equivaldría a encerrarlos en una caja de cristal y aislarlos de la realidad.[*]
Pongamos por caso un libro para niños de contenido sensible y hasta controversial como lo es Juul (1996), de Gregie de Maeyer y Koen Vanmechelen, cuya temática es el bullying.
El personaje es un niño representado en un muñeco de madera, que sufre agresiones verbales por parte de otros niños: critican su cabello, sus orejas, sus brazos, sus piernas, todo su cuerpo. En respuesta, Juul se va mutilando, se saca cada parte y solo queda su tronco. Hasta que alguien lo salva (lo cuida), restablece el equilibrio del relato y arroja luz sobre esa angustiante realidad. No es menos importante el final, que se convierte en una forma de rescate del personaje, presten atención a ello.
Los mediadores de lectura podríamos preguntarnos si este libro puede ser leído por un lector niño o para qué edad es conveniente. Muchos podrán decir que no, que semejante violencia no es aconsejable para niños pequeños, que quizás solo puedan acceder al libro cuando hayan crecido lo ¿suficiente? (¿en la selección intencional no estamos ejerciendo algún tipo de censura como las de antaño?); otros estarán de acuerdo en que es mejor generar un libre acceso al material.
¿Qué hacer, entonces? Libros como este circulan en cantidad en el mercado editorial y pueden llegar a nuestras manos. Creo que lo más oportuno y aconsejable es hojear el material de antemano, investigarlo, informarse de qué va la trama, más allá de las ilustraciones. Por eso, los mediadores de lectura (padres, maestros, profesores, bibliotecarios, amigos, etc.) tenemos la responsabilidad de ser los primeros lectores.
En segundo lugar, es importante contextualizar el tema y abordar el libro en el momento apropiado para que no resulte agobiante, con la guía atinada del adulto.
[*] Esta apreciación es mía.
[1] Este artículo es la síntesis, conjunción y adaptación de distintos textos que abordan el tema del tabú en la infancia, a saber:
-CEREZALES, Mónica Viviana. “De eso no se habla o lo que se habla de eso: el abordaje de los temas tabúes en la LIJ”. Ponencia presentada en las IV Jornadas de Poéticas de la Literatura Argentina para Niños, septiembre 2012.
-HANÁN DÍAZ, Fanuel. Sombras, censuras y tabús en los libros infantiles. Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2020.
-MANDRILLO, Cósimo y MONTERO, Alicia. “Los temas tabú y la enseñanza de la literatura infantil”. Encuentro Educacional Universidad de Zulia, Maracaibo, Venezuela, 2010.